Templos de Karnak y Luxor

En la recepción del hotel Zoser Partner, en Giza, me tenían lista una lunch box que contenía pan dulce, mermelada de higo, marca Vitrac, yogurt y una cajita de jugo de naranja. Muy temprano, me dirigí al aeropuerto para tomar el primer vuelo con destino a Luxor.

Fue un viaje de una hora. Al llegar, inmediatamente comencé mi recorrido del día, y la primer atracción que visité fue el templo de Karnak.

Luxor
Templo de Karnak

Es un complejo enorme, que recibe a los visitantes con una antesala de columnas de tamaño colosal, donde la escala humana se ve reducida ante la inmensidad del conjunto. En estas columnas, se pueden leer inscripciones en jeroglífico egipcio. El templo está dedicado, principalmente, al dios Amón-Ra.

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Columnata del Templo de Luxor

La pieza que más me llamó la atención fue un obelisco que se erige solitario a la mitad de uno de los patios del complejo. Este obelisco cuenta la historia de Tutmosis I, faraón de la dinastía XVII de Egipto. Como sabemos, la finalidad de los obeliscos era preservar la historia y legado de cada gobernante y familia real, sus aciertos y desaciertos en el poder. Lo curioso es que, cada faraón intentó ocultar sus errores y ponderarse para preservar su buen nombre a la posteridad; además de borrar de la historia a sus antecesores no deseados. Tal fue el caso de la reina Hatshepsut que, sabiéndose heredera real del trono de Egipto, se proclamó faraón al mismo tiempo que Tutmosis III, que no tuvo más remedio que admitir la superioridad de ésta que, además, era su tía.

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Obelisco de Tutmosis I en el Templo de Luxor

Casi al final, encontré una pequeña escultura de un escarabajo, que representa la vida después de la muerte. La tradición consiste en dar tres vueltas a este escarabajo, con el fin de regresar a Egipto algún día. Con las esperanzas casi nulas de que esto sucediera algún día, procedí a caminar alrededor de la figura una vez, dos veces, tres… Porque “uno nunca sabe”. Lejos estaba de pensar que, el destino me tenía preparada una jugada que me haría recordar este hecho.

Inmediatamente después de Karnak, me dirigí al templo de Luxor. Es un complejo bastante similar, con la misma estructura de antesalas, hasta llegar al templo principal, donde también es venerado Amón-Ra.

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Templo de Luxor

El detalle característico de este lugar no se encuentra precisamente dentro de él, sino fuera. El dromos o avenida procesional que custodian un sin número de esfinges a lo largo de una vía que, según la tradición, se extendía desde aquí, la entrada del templo de Luxor, hasta la entrada de su similar en Karnak. El camino guiaba la ruta que habían de seguir las procesiones religiosas en las festividades anuales dedicadas a las deidades egipcias. Actualmente, sólo se conserva una parte, con sólo algunas de estas esfinges.

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Dromos bordeado de esfinges con caras humanas en el Templo de Luxor

La distancia entre ambos templos es de poco más de dos kilómetros. Las esfinges cercanas al templo de Karnak poseían cabezas de cordero, mientras que las pertenecientes al templo de Luxor, fueron decoradas con caras humanas.

Durante mucho tiempo, estos templos fueron cubiertos por la arena volátil del desierto, propia de esta región geográfica. Antes de ser descubiertos, fue erigida una mezquita que, actualmente, continúa funcionando como tal y que se erige a lo alto del complejo.

Luxor
Mezquita de Abu el-Haggag en el Templo de Luxor
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