Stonehenge

En mi visita anterior, me quedé con muchas ganas de visitar Stonehenge que es este monumento megalítico de finales del Neolítico, y que representa una gran riqueza histórica y cultural para la humanidad. Primero, pues porque data de la era de piedra, segundo, porque hasta el día de hoy, se ignora la finalidad con la que fue edificado.

En fin, esta vez, no podía perdérmelo de nuevo.

Noté que en la recepción de mi hotel ofrecían unos volantes ofreciendo una excursión que salía desde ahí mismo y que tenía un precio razonable. Entonces, no dudé en reservar y al día siguiente, muy temprano, me preparé para mi excursión.

Salí del hotel y caminé algunos metros, me adentré en un Costa coffee y pedí un capuccino. Intenté conectarme a internet para comunicarme con mi familia, me explicaron que debía adquirir una ficha de prepago… A partir de ahí, sólo escuché blah, blah, blah. Me resultó irónico cómo, en México, hay una cafetería en casi cada esquina y cada una cuenta con redes abiertas de internet. ¿Cómo era posible que, en Europa, aún sigan cobrando por un servicio que, hoy en día, resulta básico?

Regresé a prisa al lobby del hotel, donde varias personas esperaban ya de pie al transporte que nos llevaría con rumbo a Salisbury, donde se encuentra el emplazamiento de Stonehenge. Mientras esperábamos, conversé con una señora afroamericana que viajaba sola, y pronto congeniamos. A la mitad de una plática trivial estábamos cuando, con puntualidad inglesa, desde luego, llegó el autobús. Ordenadamente, abordamos y elegimos un lugar para sentarnos. Me desconcerté al principio, puesto que elegí un asiento a la derecha, creyendo así tener la mejor panorámica durante el viaje, porque olvidé por un momento que la circulación en el Reino Unido es en sentido contrario. Cuando reaccioné, los demás lugares estaban ocupados.

Comenzó el recorrido que, poco a poco, nos fue alejando de Londres. Pasamos por “un lugar llamado Notting hill” hasta salir completamente de la ciudad y tomar la carretera. A ambos lados del camino había verdes praderas, campos de cultivo donde se dice que los extraterrestres plasman círculos y mensajes alienígenas para ser descifrados por los terrícolas.

A mitad del camino, el autobús hizo una escala como de 20 minutos, en un centro comercial de un área suburbana, en donde pudimos comprar un refrigerio para el camino. Retomamos el viaje con dirección a Stonehenge, no sin antes pasar por Edimburgo. Después de 3 horas, llegamos.

Stonehenge
Monumento megalítico de Stonehenge

Fue tan placentero estar ahí, sintiendo la paz que se percibe en esa pradera, sintiendo el fuerte viendo que silbaba al pasar por entre los marcos de la estructura megalítica que ha sido muda testigo del mismo escenario durante aproximadamente 4500 años. A lo lejos, un rebaño de ovejas pastan inadvertidas; me hacen recordar a Shaun the sheep, esta serie infantil que se desarrolla precisamente en una granja en la Gran Bretaña. Más adelante, es posible vislumbrar la carretera, que se va iluminando con las luces de los coches conforme va cayendo el sol.

Stonehenge
Alrededores de Stonehenge
Stonehenge
Tráfico en el sentido inverso

Iba oscureciendo y era momento de irnos, no sin antes pasar a la tienda de regalos a hacer una oda a la mercadotecnia. Compré un llavero con la forma de uno de los marcos que conforman esta enorme e inexplicable estructura de piedra, además de postales para enviar a casa porque, aún con tantas formas nuevas y eficaces de comunicarse en la actualidad, disfruto de escribir con puño y letra un mensaje que haga saber y sentir a quien la recibe, que no hay mejor lugar que el propio hogar.

De regreso, venía contemplando de nuevo los campos dorados a lado y lado del camino. Esa bella sensación de estar en un lugar tan distinto, me invadió, a la vez que no podía sacarme de la cabeza esta melodía del cantante británico Sting: Fields of gold, que resonaba como soundtrack de la película de ese episodio de mi vida que estaba aconteciendo en ese momento.

En ese enajenamiento estaba, mirando por la ventana, casi con melancolía cuando, de pronto, una jovencita en un carro vecino, me sonrió dulcemente y agitó la mano a manera de saludo. Yo respondí con el mismo gesto, hasta que nuestras sonrisas se desvanecieron en cuanto el tráfico de cada carril siguió su curso.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Andurriante dice:

    Merece la pena la visita! Yo he ido mil veces a Londres y nunca he ido pero para la próxima no me lo pierdo! Y sí, lo de internet es cuanto menos sorprendente!

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    1. Vale totalmente la pena, no dejes de ir. Cuando vayas, me cuentas, te va a gustar mucho. Saludos y gracias por leerme.

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