Adiós, Londres. Hola, Cairo.

Aún conservaba el cansancio de la noche anterior, en la que había ido a cenar a Covent Garden, mientras apreciaba el arte callejero, compraba algunas cosas a modo de souvenir, y caminaba de noche por última vez (bueno, en este viaje) por las calles de Londres.

Es como si hubiera tenido un déjà-vu de dos años atrás. Volví a mirar por encima del hombro el paisaje que estaba a punto de dejar. Vino a mi mente el mismo pensamiento: “Hasta siempre, Londres. ¿Hasta cuándo?”

Me apresuré a tomar el Underground, aunque contaba con tiempo suficiente, nunca es demasiado temprano cuando nos dirigimos al aeropuerto. Llegué a Heathrow, documenté mi equipaje y esperé a que, faltando una hora para la salida de mi vuelo, asignaran la puerta por donde debíamos abordar.

Sucede que, en las terminales con mucho tráfico aéreo, como en Europa o, incluso la ciudad de México, nunca se sabe con certeza qué vuelos llegan, cuáles van y qué pistas o puertas se encuentran disponibles. Es por eso que son asignadas “a último minuto”, para no entorpecer el flujo de los cientos de aeronaves y pasajeros que diariamente hacen uso del aeropuerto.

Londres
Aeropuerto Internacional de Heathrow

Mientras tanto, venía armada con un mi libro, una novela de Gary Jennings: Azteca, pues gusto mucho de leer acerca de la historia y cultura de mi propias raíces. Si bien es cierto que disfruto y admiro cada lugar que visito en cualquier lugar del mundo, también me enorgullece llevar el mío a donde quiera que voy, en la mente y en el corazón.

Me instalé en un Starbucks, mientras leía y tomaba mi café, observaba el flujo de gente que iba y venía. De entre ellos, divisé a Dan Cruickshank, que es presentador de la cadena BBC y no sé realmente si lo ubican, pero yo disfruto mucho el programa Marvels of the Modern Age que él conduce y que, como viajera, me insipira a conocer nuevos destinos.

Finalmente era tiempo, abordé el avión y tomé mi lugar. A las cinco horas que dura el vuelo, había que agregarle una de retraso, e infinitos minutos en los que contenía la respiración, durante el aterrizaje más largo de mi vida. Aunque ya había estado en Egipto antes, todo era distinto ahora.

Esta vez, alguien me estaba esperando…

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. ¿El proximo con el bonobus?…

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    1. Espero que así sea, jaja.

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      1. Envidio a tu asiento.

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