La Ciudadela de Aleppo

Escribo esta entrada con profunda tristeza, aún habiendo tenido días maravillosos en esta provincia del norte de Siria. El motivo de mi melancolía radica en la nostalgia que me provoca recordar tan bellos momentos y escenarios, y ver que, a la fecha, casi todo ha sido reducido a escombros, a partir de la revolución iniciada en 2010 por ciudadanos que luchan por su libertad y dan su vida por una causa en común: el derrocamiento de Bashar al-Assad, presidente sirio desde 2000, a partir de la muerte de su padre, también presidente. Juntos, han gobernado este país durante 42 años.

Salimos de Lattakia, después del medio día: Abdallah, su primo Mansour y yo, con destino a Aleppo. Fue un viaje por carretera, de aproximadamente 4 o 5 horas. Era una tarde lluviosa, aún se percibía una leve brizna y el sol nunca alumbró por completo; las gotas aún descansaban sobre las hojas de los árboles de los bosques a lado y lado del camino. Bajamos a comer a un lugar, enclavado entre unas montañas cubiertas de pinares, medio escondido entre la niebla. Continuamos hasta que oscureció y, antes de llegar, contemplamos el alegre lucerío proveniente de una rueda de la fortuna instalada a las afueras de la ciudad.

Llegamos a Aleppo con mucha hambre, quedamos de vernos con Kawa en un punto estratégico y nos acompañó a cenar. Ahí mismo planeamos lo que haríamos esa noche. Decidimos ir a un circo italiano que acababa de llegar, en realidad el frío estaba minando mi capacidad de razonamiento, por lo que accedí casi inmediatamente.

Al terminar, nos dirigimos a casa de Kawa, donde nos hospedamos durante los próximos días, en los que recorreríamos Aleppo. Conocí a su mamá, una señora joven y, por demás hermosa. Nos comunicamos en inglés, aunque lo hablaba con dificultad, pero se mostró ansiosa de practicar conmigo y, después de un tiempo, desarrollamos una estrategia implícita de comunicarnos.

Kawa me cedió su recámara, donde dormí cómodamente sola y sin interrupciones. Los hombres, se acomodaron en otra área, todos juntos, donde platicaron durante largo rato hasta quedarse dormidos, en una especie de pijamada improvisada.

A la mañana siguiente, desayunamos café, jugo y pan, muy al estilo sirio. Salimos muy temprano hacia la Ciudadela de Aleppo, una gran fortificación construida con piedras de mampostería, que se eleva en lo alto de una meseta artificial, amurallada y circundada por un canal, evocando un castillo medieval.

Aleppo
Ciudadela de Aleppo

Adquirimos las entradas y comenzamos nuestro recorrido por el interior de la ciudadela, con bellos edificios en ruinas, de lo que alguna vez fue una ciudad con dinamismo. Atravesamos una gran puerta, que conduce al interior del castillo.

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Puerta monumental de acceso al Castillo de la Ciudadela

La parte más impresionante es un salón, de bellísima arquitectura islámica, con un plafón de madera, tallado y decorado al más puro estilo árabe, recubierto de relucientes pisos y ventanas de cristales de colores que iluminan la habitación causando un efecto de caleidoscopio.

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Salón del trono del Castillo de la Ciudadela

Subimos hasta un mirador, la parte más alta de la ciudadela y, de hecho, de Aleppo, desde donde es posible observar toda la ciudad, que se extiende hasta la línea del horizonte. Destacan los minaretes de las mezquitas y las cúpulas de éstas, así como el caserío de color uniforme.

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Vista panorámica de la ciudad de Aleppo desde la Ciudadela

Hay también, desde luego, una mezquita; pequeña y bastante sencilla, a cuyo techo subimos para apartarnos por un rato de la multitud que visitaba el lugar. Dado que era fin de semana, no sólo foráneos sino locales, se dan cita con sus familias para disfrutar y convivir juntos. Desde nuestra posición, contemplábamos un patio interior, contiguo a la mezquita, así como un teatro romano y otras edificaciones.

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Mezquita al interior de la Ciudadela de Aleppo

Al continuar, llegamos a una fachada de gran belleza arquitectónica. De estilo damasquinado, que difiere y se destaca del arte islámico o árabe en general, ya que posee características propias que lo hacen único. Se distingue fácilmente por jugar con listones horizontales de dos tonalidades en las fachadas, en las molduras de puertas y ventanas, columnas, pisos, fuentes, o cualquier otro elemento constructivo.

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Fachada de estilo arquitectónico damasquinado

Salimos de la ciudadela y llegamos al gran souq de Aleppo, que es un sistema de túneles que fungen como mercado. Los locatarios abren sus puertas temprano para exhibir y comercializar toda clase de cosas: telas, artesanías, muebles, ropa, joyas, etc. Al terminar, Kawa y yo nos fuimos a comer, mientras Mansour y Abdallah decidieron ir al hamam (baño, en árabe), que es una especie de spa para hombres, costumbre que se remonta a tiempos antiguos, donde disfrutan de un baño de vapor, exfoliación, rasurado y masaje. Todo esto, mientras degustan un té o un café turco.

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