Le crac des chevaliers

Planeamos nuestro viaje a Le crac des chevaliers o “el castillo de los caballeros” en el vecino distrito de Homs (hoy, casi desaparecido debido a la guerra civil en Siria), durante varias semanas. Por alguna u otra razón, nuestro intento de excursión quedaba frustrado. Ya sea porque surgían otras cosas por hacer o, simplemente, porque no despertábamos a tiempo. Finalmente, esa noche estábamos reunidos en casa, Hanso, Nawar, Abdallah y yo y, ya entrada la madrugada, decidimos esperar a que amaneciera para ir, de una buena vez.

Con la primera luz del alba, empacamos nuestras cosas y nos dirigimos a la estación de autobuses de Lattakia, con destino a Homs, la tercera ciudad más importante de Siria. Sin embargo, no llegamos hasta ahí sino que, a medio camino, nos bajamos para continuar a pie. A orilla de la carretera íbamos, cuando un conductor en una combi, se paró y nos preguntó hacia dónde nos dirigíamos; cuando le explicamos, con gusto se ofreció a llevarnos.

Nos subimos a prisa y nos acomodamos en la parte de atrás. De repente, el conductor frenó bruscamente, para esquivar al coche que iba delante del nuestro. Nawar iba desprevenido y lo siguiente que recuerdo es que su frente sangraba profusamente. Rápidamente, saqué pañuelos desechables y gel antibacterial que siempre llevaba conmigo, limpió su herida y se colocó un parche.

Continuamos hasta llegar a la base de la colina donde se ubica Le crac des chevaliers, nos sorprendió ver que éramos los únicos visitantes, tal vez por la temporada, que no es muy concurrida por los turistas. Entramos a un castillo de estilo medieval, en lo alto de un lomerío junto a una pequeña comunidad.

Homs
Comunidad de Talkalakh en Homs, Siria

Este edificio fue la sede central de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, en Siria, durante la época de las Cruzadas. El conjunto fue declarad Patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2006 junto con la ciudadela de Saladino, que también visitamos después.

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Le crac des chevaliers

Al igual que en Aleppo, dicho castillo está rodeado por un canal que impedía llegar a él, a no ser por el único acceso, el principal. Actualmente, el canal está lleno de agua pero, a mi parecer, no recibe el cuidado que debería; siendo una edificación realmente interesante, este detalle va un poco en detrimento del encanto que posee.

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El Castillo

Subimos unas pequeñas escaleras que nos condujeron a una torre, desde donde se puede avanzar a través del camino que se forma a partir del espesor del muro interno que rodea el lugar. Inmediatamente después, hay un vacío donde la el nivel topográfico cae vertiginosamente y forma un acantilado, que sirve como división natural entre el primer muro y otro, que conecta (o desconecta) el exterior.

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Vista desde Le crac des chevaliers

Me detengo a observar el panorama, las verdes colinas donde esporádicamente se ubican algunas pequeñas casas; otras, sirven para cultivar vegetales, especialmente tomates y aceitunas. Fijo mi atención a lo lejos, en un niño que va en una carreta, jalada por un burrito que, inadvertido, continúa su camino. Pienso en la gran responsabilidad que le es conferida a un niño de tan corta edad, en el que el jefe de la familia confía el único patrimonio que poseen, para realizar no sé qué diligencias, seguramente su padre también se encuentra ocupado encontrando la manera de llevar algo a la mesa. En estos pensamientos me distraigo, cuando mis acompañantes llaman mi atención y me instan a continuar el recorrido.

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Vista de los alrededores de Le crac des chevaliers

En una terraza a lo alto, decidimos descansar un rato. El clima era ideal, Hanso y Nawar le dan bocanadas a sus cigarros marca Al-hamra, mientras yo decido recostarme sobre el almenar del muro interior, cierro los ojos y pienso en aquella canción del grupo de rock argentino Los enanitos verdes: La muralla. Nunca “Estoy parado sobre la muralla que divide todo lo que fue de lo que será”, tuvo tanto significado.

Llegamos hasta lo que parecían ser establos, y me detengo a observar la belleza de unas bóvedas nervadas de estilo gótico que, a mi parecer, son la cereza en el pastel de este recinto.

Homs
Bóvedas nervadas

Nos quedamos tonteando un rato, pretendiendo que somos caracteres del famoso videojuego Assassins Creed, tomándonos algunas fotografías y disfrutando de la hermosa vista que se tiene desde lo alto. Al salir, decidimos comer cerca de ahí, yo elegí shish tauk, una exquisitez árabe que es una especie de pollo adobado y marinado con especias.

Comenzaba a caer la tarde y decidimos darnos prisa para tomar algún transporte que nos acercara a la carretera principal, donde habíamos de hacer el mismo recorrido que cuando llegamos. Sin embargo, encontramos a un turista, un hombre polaco que, con dificultad, intentaba darse a entender entre los locales, quienes nada podían hacer para ayudarlo. Nosotros, sin embargo, lo auxiliamos y decidimos volver con él hasta Homs, donde tomamos un autobús de vuelta a Lattakia, en el que dormí todo el camino.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Que lugar iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiincreible !

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  2. Siria es un país maravilloso. Es una pena que sus monumentos históricos y, en especial, los que son Patrimonio de la humanidad por la UNESCO, estén en peligro de desaparecer por la guerra civil.

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