El Mar Muerto

“Me dijo: «Esa agua corre hacia la región este, desciende hacia la Arabá y desemboca en el mar Muerto para que sus aguas queden sanas. […] Los pantanos y lagunas, en cambio, serán insalubres; quedarán como salinas. […] Por el este pasará entre Haurán y Damasco, entre Galaad y el territorio de Israel, y el Jordán servirá de frontera hasta el mar Muerto al lado de Tamar. Esa es la frontera este».”

Ezequiel 47, 8-18.

Ninguno de nosotros está exento de haber escuchado hablar del mar muerto; quizás, por vez primera, en nuestra clase de geografía de la primaria.

La topografía del lugar no permite que los escurrimientos de las cuencas hidrográficas cercanas sean eliminadas ni por desagüe superficial ni por filtración subterránea, sino a través de evaporación, por lo que sus niveles de sal son hasta 10 veces mayores que las aguas oceánicas. Esta salinidad impide que este lugar sea el hábitat de ser vivo alguno, lo que le otorga el lúgubre nombre de “Mar Muerto”.

Esta correlación entre salinidad y densidad hace imposible que las personas se hundan, pudiendo flotar sin ningún esfuerzo, característica que lo ha hecho popular en el mundo.

Mar Muerto
Mar Muerto desde la frontera de Jordania

El Mar Muerto se extiende entre los territorios de Jordania, Cisjordania e Israel, actuando como frontera natural entre éstos. De ambos lados es posible visitarlo y flotar sobre sus aguas. Yo aprovecho durante mi visita a Jordania para no dejar pasar esta oportunidad.

Salimos de Amán y, tras parar a comer en un restaurante a mitad de camino, continuamos en una carretera justo ahí, a orilla del mar. El sol de media tarde se reflejaba en el apacible Mar Muerto, que no tiene olas y las únicas ondas sobre la superficie son provocadas por el aire.

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Mar Muerto

Aparcamos el carro cerca de un parador casi solitario, a excepción del tráfico común propio de una carretera federal y, bajando por una ladera bastante escabrosa, llegamos hasta la orilla. A lo lejos se observaban algunas familias, disfrutando de una tarde de pic nic, niños que jugaban y gritaban en la orilla, mujeres entre el agua sin quitarse el niqab y hombres que custodian a su prole desde una distancia considerable.

El frío hace imposible que me sumerja y flote pero rápidamente me quito los zapatos y entro hasta mojarme los tobillos. Toco el agua, transparente, y me queda una sensación como aceitosa, producto de la sal que, con dificultad, se disuelve en esa porción de mar.

La pequeña marea trae consigo pequeñas piedras cristalinas que, cuando se funden entre sí, se vuelven grandes formaciones de sal, como si fueran estalagmitas.

Mar Muerto
Formaciones salinas

Por mi falta de pericia, tropiezo con una de estas rocas e intento meter las manos para no caer de frente. Sólo logro un pequeño raspón en la muñeca que, al entrar en contacto con el agua tan salada, me hace gritar del ardor.

Además del agua y su sal, la región del Mar Muerto es popular por el lodo que se extrae de su lecho, con nutrientes y minerales tan únicos que lo convierten en la mejor mascarilla cosmética del mundo. Por esto, ambos países de la frontera, comercializan con este producto, vendiéndolo en las más exclusivas boutiques y ofreciendo costosos tratamientos para la piel. Yo, sin embargo, lo extraigo naturalmente y, pronto, comienzo a sentir la tirantez en el rostro. El resultado es una piel tersa y limpia, libre de cualquier impureza.

Tras haber disfrutado de las bondades del Mar Muerto, comenzamos el ascenso a través de una caprichosa carretera que se dibuja a través de los acantilados que se encuentran inmediatos a la orilla del mar. En cuestión de minutos pasamos, de una altitud de 400 metros bajo el nivel del mar (en la que se ubica este enigmático mar), a más de 800. Sólo para volver a descender y luego volver a subir y así sucesivamente. No espero que, con mi descripción, logren entender las condiciones topográficas del lugar; yo estuve ahí y tampoco lo comprendo.

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Carretera hacia Mádaba
Mar Muerto
50 metros bajo el nivel del mar
Mar Muerto
Acantilados rumbo al Mar Muerto

Nos dirigimos hacia Madaba, una comunidad cercana donde, se dice, se encuentra el Monte Nebo. Desde ahí, en un día claro, se observa Israel. Así observó Moisés la Tierra Prometida, según la Biblia, antes de morir.

Yahveh habló a Moisés aquel mismo día y le dijo: «Sube a esa montaña de los Abarim, al monte Nebo que está en el país de Moab, frente a Jericó, y contempla la tierra de Canaán que yo doy en propiedad a los israelitas. En el monte al que vas a subir morirás, e irás a reunirte con los tuyos, como tu hermano Aarón murió en el monte Hor y fue a reunirse con los suyos. Por haberme sido infiel en medio de los israelitas, en las aguas de Meribá Cadés, en el desierto de Sin, por no haber manifestado mi santidad en medio de los israelitas, por eso, sólo de lejos verás la tierra, pero no entrarás en ella, en esa tierra que yo doy a los israelitas.»”

Deuteronomio 32, 48-52

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