Faraya y la gruta de Jeita

Temprano, salimos de Beirut en el carro de Mario: Santiago, Rodrigo, Abdallah y yo. Hacía muchísimo frío y, encima, lloviznaba. Comenzamos nuestro camino de ascenso a través de las montañas libanesas hacia Faraya.

De repente, por las laderas, corrían pequeños arroyos de agua que se adivinaba tan fría, producto del deshielo de los montes que aún se veían blancos, a lo lejos.

Faraya
Montes nevados de Faraya

Jamás había visto la nieve, salvo algunos manchones blancos en el pasto cuando iba de camino a Damasco, hacía casi dos meses. Pero ver el paisaje nevado y saber que nos dirigíamos hacia allá, me llenó de emoción.

Faraya
Carretera hacia Mzaar Kfardebian

Antes de todo, paramos en las ruinas romanas de Faqra, un pequeño asentamiento de camino hacia nuestro destino final: el centro de ski de Mzaar Kfardebian.

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Ruinas de Faqra

Mzaar Kfardebian se encuentra a casi 2500 m. sobre del nivel del mar y es el único centro de ski natural del Medio Oriente. Consta de 42 colinas que se extienden en una superficie de 80 km.

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Colinas y teleférico

Las barredoras se encargaban de limpiar la nieve acumulada en el camino, formando muros de lado a lado de casi 2 m. de altura. Durante nuestra estancia, comenzó a nevar y, suaves copos de nieve se formaron en mi ropa. Era divertido observar que cada colisión daba como resultado una combinación geométrica, diminuta, distinta.

La visibilidad era casi nula, pero eso no nos impide de jugar, lanzándonos bolas de nieve o elaborando muñecos. Al ser la primera vez que tocaba y sentía la nieve, mi felicidad era genuina. No me había divertido ni emocionado tanto desde mi infancia, creo.

Faraya
Centro de ski de Mzaar Kfardebian

Cuando el frío hizo imposible que continuáramos ahí, subimos de nuevo al auto y proseguimos nuestro camino hasta la gruta de Jeita. Padeciendo claustrofobia, siempre me resulta difícil internarme en grutas, pero Jeita, en Líbano es impresionante.

Accedimos a través de un teleférico que cuelga sobre un raudal provocado por la lluvia y el deshielo de las montañas. Al entrar, es preciso dejar los objetos de valor, teléfonos celulares y cámaras fotográficas, porque está estrictamente prohibido retratar el interior.

Se trata de un sistema de dos cuevas de piedra caliza con una longitud total de 9 km. Su interior consiste en una gran cámara donde la humedad y goteo incesante ha esculpido, durante el paso de los años, grandes estalactitas y estalagmitas, además de curiosas formas que dependen de la imaginación.

Cueva inferior de Jeita. Fuente: Wikipedia

Pero la verdadera joya de Jeita se encuentra en su cámara inferior, por donde es posible accesar por medio de botes (regulados a sólo algunos viajes, diariamente) y apreciar el efecto que causa el agua transparente que corre a través de las formaciones rocosas. Desafortunadamente, la lluvia había inundado esta área y su acceso estaba restringido en el momento de nuestra visita.

Cueva inferior de Jeita
Fuente: Wikipedia

Sin embargo, es una visita obligada cuando se está en Líbano. La amplitud de su cámara nos hace olvidar que estamos ante un capricho de la naturaleza, alojado al interior de una montaña. Por el contrario, da la impresión de que se camina a través de una amplísima y húmeda bóveda barroca o gótica donde el eco de los pasos y murmullos de los visitantes, se amplifican.

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