Byblos: la primera ciudad fenicia

Después de visitar Faraya y el centro de ski, nos dirigimos monte abajo hasta la costa, y llegamos al histórico puerto fenicio de Byblos, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. Junto con Damasco, en Siria, es una de las ciudades más antiguas del mundo, continuamente habitada.

En los textos cuneiformes, se describe con el nombre de Gubla que significa “montaña” y, en la Biblia, se identifica como Gebal. Se cree que fue fundada en el año 5000 a. C. convirtiéndose en la primera ciudad fenicia de la que se tiene registro.

Tras la ocupación griega, fue renombrada como “Byblos”, palabra de donde se deriva biblion o libro. Esta etimología da origen a palabras como Biblia y biblioteca.

Llegamos al hermoso puerto, aún cuando estaba nublado por ser invierno y las olas encrespadas golpeaban la orilla. Los botes privados de los ostentosos libaneses, permanecían atracados, cubiertos o a la espera de ser remolcados.

Byblos
“La estrella de Byblos”

Las construcciones de mampostería de piedra y teja de barro cocido que se originan a partir de la pequeña bahía artificial formada por el muelle, ofrecen una reminiscencia de la Riviera francesa.

Byblos
Puerto de Byblos

Llegamos hasta las puertas de la zona arqueológica de la antigua ciudad de Byblos (o lo que queda de ella). Se accede a través de un castillo medieval, que ahora funge como museo, donde se exhiben las piezas que han sido encontradas en las excavaciones del lugar.

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Acceso al museo de la Ciudadela

En el exterior, se encuentran las ruinas de la ciudad vieja. La característica arqueológica más importante son las tumbas cavadas a varios metros de profundidad, en donde se depositaba una especie de sarcófago de piedra, donde era sepultado el cuerpo. Este monolito era decorado con motivos arquitectónicos clásicos, griegos y romanos, y cubierto con una losa también de piedra.

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Tumbas en Byblos

Aún en invierno, los jardines conservaban un color verde intenso, que contrastaba con el azul profundo del mar que golpeaba con fuerza contra las rocas. Allá, a lo lejos, se levanta una casa típica libanesa, fabricada con piedras y techada con tejas de barro. La postal es simplemente increíble.

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Costa de Byblos frente al mar Mediterráneo
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Casa tradicional libanesa

Hay, también, un pequeño teatro que conserva sólo la Ima cávea o parte más baja de las gradas, frente a un escenario ornamentado con pequeños nichos, enmarcados en diminutos frontones y columnas adosadas.

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Teatro romano de Byblos

La lluvia comenzó a arreciar y rápidamente nos refugiamos dentro del carro de Mario. Luego, Santiago, Rodrigo, Abdallah y yo, nos dirigimos a Jounieh, hacia la base de un teleférico. Desde ahí, apreciamos la hermosísima bahía, y la moderna ciudad que se desarrolla frente al mar Mediterráneo.

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Costa de Jounieh, vista desde el teleférico
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Funicular hacia Harissa

Después del teleférico, aún abordamos el funicular, una especie de cochecito que se desplaza de manera casi vertical sobre la montaña de Harissa, para llegar a la parte más alta. Ahí, se encuentra la estatua de Nuestra Señora de Harissa, advocación libanesa de la Virgen María. Es un monumento de bronce de 15 toneladas, que se encuentra pintado de blanco y al cual se accede a través de una escalinata. Junto a ella, está el Santuario de Nuestra Señora de Líbano, una moderna catedral maronita de hormigón y vidrio.

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Nuestra señora de Harissa

Con esta visita, dimos por terminada nuestra travesía del día, volviendo por la tarde a Beirut.

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