Primavera árabe

Regresé a Egipto, tras el período de inestabilidad que se vivió durante varias semanas, no sólo en el país sino en otros, producto de un efecto dominó que los medios denominaron “Primavera árabe”.

Todo comenzó en Túnez, cuando a un estudiante universitario carente de oportunidades, como muchos otros en ese país, le fue desmantelado un puesto ambulante de frutas que vendía para sobrevivir, dejándolo sin medios para subsistir. Tras esta acción, otros jóvenes se unieron en una revolución que demandaba, entre otras cosas, la salida de gobiernos autoritarios y corruptos, que lucran con los recursos, en vez de ser canalizados a las necesidades básicas de la población.

Luego, otros países vecinos: Jordania, Líbano, Yemen y Arabia Saudita, también se pronunciaron en contra de sus gobiernos. Unos de manera más pacífica y sin mucha trascendencia, pero también hubieron enfrentamientos armados, como en Líbano, de cuya frontera nos regresaron un día, porque la ciudad de Trípoli estaba sitiada.

Pero, sin duda, Egipto fue un parte aguas. En un hecho sin precedentes, los jóvenes se convocaron a través de las redes sociales y, a su vez, pasaron la voz entre sus familiares, vecinos y demás personas sin acceso a estos medios. El 25 de enero de 2011, se congregaron de todas las clases sociales y religiones, en la plaza Tahrir, a costa de cualquier precio que hubiera que pagar por derrocar la dictadura de Hosni Mubarak, presidente desde hacía 30 años.

Acamparon ahí, hombres, mujeres y niños; miembros de una sociedad conservadora que no ve bien que las jóvenes anden en la calle después del ocaso, si no es en compañía de un hombre de la familia, que puede ser padre, hermano o esposo. Desafiando toda ley impuesta por las normas de una sociedad tradicional y una religión tan rígida, pernoctaron ahí, donde las fuerzas del régimen atacaron a los manifestantes con todos los recursos que tuvieron a la mano.

Cairo
Tanques militares cerca de la Plaza Tahrir en El Cairo

Arbitrariamente, estas jóvenes fueron secuestradas y llevadas a cuarteles donde se les practicaron, sin sus consentimientos, pruebas de virginidad, humillándolas y vulnerando sus derechos humanos. El gobierno se defendió argumentando que estas acciones se llevaron a cabo para comprobar que ninguna era tan honorable como para denunciar un posible ataque por parte de los militares que atacaron el área. En palabras más simples, para que ninguna pudiera acusar a nadie de violación.

Esto es tan indignante en todos los niveles. Cualquier mujer, virgen o no, es propensa a sufrir ultraje y tiene todo el derecho de denunciarlo. Una cosa no va relacionada con la otra y, entre otras cosas, nadie tiene la autoridad para determinar quién es decente y quién no.

Cada quién peleó su propia batalla, todos unidos bajo la misma bandera y por una causa común: libertad. El 28 de enero, el gobierno bloqueó el acceso a Internet para evitar que se siguieran congregando. Durante varios días, el presidente Mubarak propuso varios cambios en su gabinete y sistema de gobierno, con la esperanza de calmar los ánimos de la población enardecida, pero los egipcios estaban decididos, querían fuera al dictador.

Cairo
Manifestantes ondean banderas egipcias con Cruz y Media Luna, símbolos del cristianismo y el Islam

Finalmente, el 11 de febrero, Hosni Mubarak dimitió. En un ambiente de celebración, seguido de un período de inestabilidad política, se llevaron a cabo otras protestas pacíficas, encabezadas por diversos grupos minoritarios. Uno de ellos, los cristianos, demandando igualdad y respeto en un país donde la mayoría profesa el Islam.

Cairo
El pueblo egipcio dejó atrás sus diferencias religiosas por la unidad del país

Esa tarde, pasamos cerca de ahí, y tuvimos la oportunidad de apreciar, desde dentro, las consignas que demandaban, no la supremacía de un credo sobre otro, sino la coexistencia pacífica entre los adeptos de estas religiones, por la unificación de un país que, al final de cuentas, era de todos.

Luego, siguió el turno de Libia, que tuvo un desenlace más “favorable”, pero un proceso más tortuoso, que terminó con la muerte del dictador Muamar Gadafi a manos de rebeldes.

Después, el efecto se extendió hasta la temerosa Siria, en un doloroso proceso que parece que se agrava conforme pasa el tiempo y que, hoy por hoy, sufre las consecuencias de la mano dura del sangriento régimen del monstruo Bashar al-Assad quien, a toda costa, busca permanecer en el poder. Aprendió de su padre, presidente también antes que él, quien se valió de los mismos medios para atemorizar a quienes osaron, alguna vez, levantarse en su contra.

Las cosas no salieron tan fáciles para Bashar porque, a pesar de que han pasado casi 2 años desde que comenzaron los levantamientos por parte de la Free Syrian Army y, con un saldo de más de 100 mil muertos, los ciudadanos sirios aún están dispuestos a dar su vida en pro de su causa.

A pesar de las nefastas medidas que ha tomado el gobierno represor contra su propio pueblo, poco se ha conseguido en materia de su rendición. Por el contrario, potencias mundiales como Rusia y China respaldan las acciones y hasta suplen de armamento para ser descargado en contra de inocentes. Como Corea del Norte, quien envió un cargamento de máscaras antigás, anticipándose al envenenamiento con gas Sarín que dejó como resultado a más de 1500 civiles muertos por intoxicación, una acción totalmente premeditada del gobierno, y no perpetrada por terroristas, como insiste el presidente en llamar a los rebeldes.

Pero hechos más oscuros se tejen detrás de esta guerra civil como, por ejemplo, que ahora se dice que fue Gran Bretaña quien suministró el gas Sarín a Siria, razón por lo cual ahora se niega a intervenir. Estados Unidos, por su parte, no obtiene beneficio alguno de Siria, por el contrario, se echaría a un peligroso y antiguo enemigo a la bolsa: Rusia.

Mientras, cientos de personas mueren diariamente en Siria, uno de los países más bellos del Medio Oriente, y la situación se recrudece día con día. Edificios y monumentos históricos han sido destruidos, dañando irreparablemente el Patrimonio cultural de la humanidad. Como irreparables también son los daños en los corazones de quienes han perdido miembros de sus familias, su hogar, como daño colateral de una guerra sostenida por un enfermo de poder. ¿Hasta cuándo?

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7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Enigma dice:

    Bonito palabro inventada por los medios desinfornativos del Sistema criminal-capitalista.

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  2. En realidad no tiene nada de primaveral. Los gobiernos de esos países van de mal en peor.

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  3. Es increíble el daño y el dolor que pueden llegar a causar determinados personajes que “supuestamente” gobiernan para procurar un bien común, o eso dicen ellos cuando los intentan echar. Es una vergüenza que todos los países que podrían hacer algo no lo hagan por dos razones: 1. porque no les beneficia en nada y 2. porque están implicados de algún modo. Es vergonzoso que vivamos en un mundo donde esta gente tiene el poder… Ojalá, alguien que no esconda un interés de dominación ayude a esta pobre gente que sólo pedía democracia para su país… Algo tan simple y legítimo como poder elegir. 😦 aún así, me ha gustado mucho tu post… ¡Las verdades claras!

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    1. Gema Karina dice:

      Lo más triste de todo es que en nuestros tiempos, todavía se sigan dando estas cosas y el mundo sea testigo y lo permita. He presenciado esas revoluciones y he vivido en carne propia los dolores de la guerra civil: mi expareja es de origen sirio y cuando se recrudeció todo y su situación migratoria era tan adversa, tuvimos que separarnos. Nadie se imagina hasta dónde el egoísmo y la ambición de unos cuántos, puede afectar directa o indirectamente la vida de tantas personas. Muchas gracias por tu comentario, me alegra que te haya gustado mi post. Un abrazo.

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