Nubia

Nubia es una región situada entre los territorios del actual Egipto y Sudán, a lo largo del valle del Nilo. Los asentamientos nubios más importantes de Egipto, se encuentran en la ciudad de Aswan.

A partir de las obras para represar el agua del Nilo y la construcción del Lago Nasser, muchos de estos asentamientos tuvieron la necesidad de reubicarse, unos al norte de Asuán y otros en la Isla Elefantina. Tal vez deba su nombre a la forma de una roca en los límites del islote que, de hecho, asemeja un elefante.

Asuán
Isla Elefantina

Es posible abordar un bote a motor y llegar hasta la Elefantina, al centro del Nilo, entre los dos márgenes del río. Ahí, se encuentran el Museo de Aswan y los restos arqueológicos del templo de Khnum, deidad venerada en Aswan junto con Satet y Anuket.

Asuán
Vestigios arqueológicos de la Isla Elefantina

Los vestigios que se conservan, fueron todos edificados a partir de bloques de piedra reutilizados, de casi todos los periodos históricos del antiguo Egipto.

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Bloques de piedra reutilizados

Desde la isla, se pueden observar ambos márgenes del Nilo y es posible recrear en la mente cómo pudo ser la vida en el antiguo reino de Nubia, con las falucas recorriendo el río, que se impulsan únicamente con el flujo del aire que roza la gran vela.

Asuán
Faluca navegando el río Nilo

En la ribera occidental, se encuentra Qubbet el-Hawa, también llamado Valle de los príncipes. Es una colina rocosa que alberga varias tumbas, pertenecientes a nobles y funcionarios de alto rango del imperio egipcio.  En la cima, se ubica la tumba del sheikh Sidi Ali Bin el-Hawa.

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Qubbet el-Hawa, o “Valle de los príncipes”

La estructura de la necrópolis estaba conformada por tumbas anchas, que difieren de otras en Egipto, excavadas directamente en la roca y decoradas con estuco. Hay una entrada general para un conjunto de tumbas, cubierta por un techo que, a su vez, está sostenido por pilares.

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Tumbas de los nobles

Delante de las cámaras se simularon patios, en donde hay nichos o espacios específicos, generalmente sin acceso, para depositar las estatuas donde, según la tradición egipcia, residía el ka (cuerpo) del difunto.

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Cámaras funerarias

Desde esa altura, es posible observar el azul intenso de las siempre frías aguas del río Nilo y la otra orilla, donde se extiende la ciudad de Asuán.

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Ambos márgenes del Nilo

Desde ahí, también, se observa la forma oval de la Isla Kitchener, más conocida en el idioma local como Geziret an-Nabatat que significa “isla de las plantas”. Es un jardín botánico situado justo en medio del cauce del río, que se ensancha y se encoje a voluntad, dando lugar a estas islas que emergen en las partes más amplias.

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Isla de las plantas

Debe su nombre al general lord Horatio Kitchener, quien fue enviado a Egipto para ser gobernador de Sudán y ganó la guerra contra los derviches. Por esta hazaña, le fue regalada la isla. Él mismo la transformó en un paraíso de árboles y plantas exóticas y endémicas de distintos países y regiones.

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Coloridas flores del jardín botánico de Asuán

Luego de escondernos un poco del incesante sol de la tarde bajo la infinita sombra procurada por las copas de los árboles y las palmeras, volvimos de nuevo a nuestra embarcación para dirigirnos al Poblado Nubio. Es una pequeña aldea en el margen occidental del río, donde se puede observar el estilo de vida que conserva este grupo étnico, y es posible convivir con ellos y experimentar su gran hospitalidad.

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Estilo de las construcciones en el poblado nubio

Desde la orilla, donde nos dejó nuestro bote de motor, tomamos rentado el camello de un hombre que, además, nos llevó a su casa, increíblemente fresca. Las construcciones son coloridas, atractivas, reflejan el carácter de su gente, que difiere mucho del resto de los egipcios. Los nubios son muy hospitalarios, humildes y amigables, lo que supuso una bocanada de aire fresco para mí, en un Egipto lleno de gente dispuesta estafar a los visitantes bajo las más inverosímiles técnicas y excusas.

Entramos en el hogar, con puertas abiertas de par en par, nos sentamos a descansar en un amplio salón donde nos refrescamos. La señora de la casa salió a recibirnos, con una sonrisa que blanqueaba entre la piel tostada y surcada por el trabajo y los años. Nos ofreció algo para tomar, de entre varias opciones: chai, agua o karkadé que es una infusión hecha de flor de jamaica. Yo opté por ésta última, porque es muy común en México, sólo que la solicité fría, porque no podía concebir la idea de ingerir algo hervido cuando yo misma me sentía así. 

De inmediato, la señora abrió la puerta de su refrigerador (porque hay cosas de las que, en la modernidad, no se puede prescindir), y me sirvió un vaso, y luego otro, y luego tres, del agua de jamaica (o karkadé) más rico que he probado.

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Típica casa nubia

Es difícil entablar comunicación verbal con alguien que no habla el mismo idioma, pero sus acciones dicen todo lo que necesitas saber. Agradecimiento, atención y hospitalidad son algunos de los valores más importantes para esta gente que no da lo que le sobra, sino todo lo que tiene.

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