Un barco abandonado en el desierto

Una vez me dijeron, a modo de broma, que había ido más veces a Egipto que a la Zona Luz, que es como familiarmente se conoce al centro histórico de la ciudad donde vivo. Y me pareció gracioso porque algo hay de cierto.

Ya sea por vacaciones, para hacer escala o por necesidad, he tenido que estar en más de una ocasión en tierras faraónicas. Conforme pasa una segunda, tercera o incluso cuarta vez en la que uno acude a un lugar, se va perdiendo la emoción de la primera vez. Sin embargo, Egipto es un país con tanta historia, con tanta riqueza cultural, que nunca deja de sorprender a quien lo visita.

Decidimos ir de nuevo las pirámides de Giza, hacían ya algunos años desde la primera vez que estuve ahí y supuse que, en esta ocasión, de seguro encontraría algo interesante que pasé por alto en ese entonces.

Para empezar, el clima era más favorable. En 2007, era pleno verano y había por aquellos rumbos una ola de calor que hizo que la visita a la meseta de Giza fuera un tanto tormentosa; la necesidad por ubicarse debajo de alguna (inexistente) sombra, hizo que el recorrido fuera desesperante y tedioso. Ahora, en cambio, corría una agradable brisa entre el invierno que estaba a punto de terminar y la primavera que estaba cada vez más cerca.

Los ávidos comerciantes buscaban la mínima señal para interactuar con los visitantes, a fin de ofrecer cualquiera de los servicios que prestaban. Esto no cambia ni cambiará por los siglos de los siglos.

Ahí estaban, las relucientes pirámides junto a su fiel guardián, la Esfinge, tan majestuosas como las recuerdo. Impávidas, gloriosas, con sus 4 mil años de edad pero como si apenas hubiesen sido construidas ayer. Sólo cuando uno las tiene de frente, siente que vale la pena adentrarse en el bullicioso, desaseado y caótico Egipto.

Giza
Gran pirámide de Keops

Discuto con un hombre que, a la fuerza, quiere que yo le dé dinero por fotografiar uno de sus camellos. Me niego, con la tenacidad que te otorga la experiencia de tratar con los egipcios durante todas las veces que he estado aquí. Gano la discusión por el simple hecho de que no está acostumbrado a que una mujer le rebata el argumento, aquí nadie lo hace. Le digo que si no quiere que le tome foto a sus camellos, que haga que no se atraviesen en mi toma, que yo pagué mis buenos dólares para entrar y que si no le gusta, que se vaya.

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Camello y pirámide de Kefrén

Este tipo de situaciones son muy comunes: taxistas que cobran de más o que se van por otra ruta para aparentar una distancia más larga; restaurantes que cobran varios tipos de impuestos en la cuenta, haciendo de la suma final una cantidad ridícula; comerciantes que abusan de la inexperiencia de los turistas a la hora de regatear, y demás actividades de estafa en los que los egipcios tienen maestría.

En fin, continuamos el recorrido y visitamos el museo de la Barca funeraria de Keops. Éste se encuentra ubicado en la parte posterior de la Gran pirámide, perteneciente al mismo faraón. En su interior, se exhibe una embarcación de madera de cedro que fue encontrada debajo de unas losas de piedra, a modo de trinchera, con todos sus aparejos, remos y cuerdas.

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Museo de la Barca funeraria de Keops en la cara sur de la Gran pirámide

Las tablas del casco fueron unidas con cuerdas y no clavadas, contaba con una capacidad de carga de hasta 45 toneladas. Su restauración duró 10 años, en los que fueron reemplazadas las cuerdas, pero el 95% de las tablas de madera es original.

Giza
Barca funeraria de Keops

Según la tradición del antiguo Egipto, los faraones eran enterrados junto con sus esclavos y objetos de valor, que pudieran requerir en la vida eterna. Esta transición de la muerte a la vida se realizaba a través del cruce del río Nilo, es por esto que la embarcación supone un elemento de gran importancia entre los haberes de Keops.

Hace algunos miles de años, esa misma barca solar navegó entre las aguas pero hoy, se encuentra surcando las dunas de arena de la meseta de Giza. Y mientras dilucidaba sobre esta idea, vino a mi mente la letra de conocida canción de Shakira, que nunca tuvo sentido para mí, hasta entonces.

“Ayer vi pasar una mujer debajo de su camello,
un río de sal y un barco abandonado en el desierto…

Y vi pasar tus ojos negros…”

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Dora Nelly dice:

    Impresionante…

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    1. Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer. Saludos.

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