La ciudad de los palacios

Y de que vimos cosas tan admirables no sabíamos qué decir, o si era verdad lo que por delante parecía, que por una parte en tierra había grandes ciudades, y en la laguna otras muchas, y veíamoslo todo lleno de canoas y en la calzada muchos puentes de trecho en trecho, y por delante estaba la gran ciudad de México.”

Bernal Díaz del Castillo
Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, año 1575.

La ciudad de México es la capital del país del mismo nombre. Oficialmente conocida como Distrito Federal, es sólo “D.F.” para los amigos.

Catalogada como la segunda ciudad más grande del mundo y, con sus más de 8 millones de habitantes, puede resultar caótica cuando no se está acostumbrado a una urbe de tales dimensiones. Para mí, es simplemente hermosa.

Su belleza radica en la mezcla de elementos únicos que se amalgaman para hacer de la ciudad de México, un destino obligado en la lista de los lugares que ver antes de morir.

“La ciudad de los palacios”, fue el nombre que le otorgó el barón Alexander von Humboldt, a mediados de la primera mitad del siglo XIX, y tuvo suficientes razones para hacerlo pues, para ese entonces, la capital del país era un conjunto de impresionantes edificios de exquisita belleza arquitectónica, destacándose los estilos barroco y neoclásico.

El Centro Histórico de la Ciudad de México fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1987; y no hay mejor punto para comenzar el recorrido que la Plaza de la Constitución, popularmente conocida como Zócalo, sobre la que ondea, grandiosa, la bandera de México. Tiene una superficie de 46800 m² y una dimensión de 195 x 200 m. Se localiza en el corazón de la ciudad, en el lugar que eligieron los conquistadores, sobre donde se erigía la gran plaza principal de la antigua capital del gran imperio de México-Tenochtitlan.

Comenzamos nuestro recorrido ahí. Al frente, majestuosa, la Catedral Metropolitana, un hermoso edificio de estilo neoclásico, obra del arquitecto Manuel Tolsá, quien fue el encargado de terminar la obra. Sin embargo, fue Hernán Cortés quien mandó a erigir una iglesia, sobre los restos de un antiguo templo dedicado a Quetzalcóatl, aprovechando para la construcción las mismas piedras que pertenecían a los adoratorios paganos de las deidades aztecas.

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Catedral metropolitana de la Ciudad de México

A un lado, se levanta el hermoso Palacio Nacional, que es la sede del poder ejecutivo federal de México. Fue construida con el objetivo de servir como residencia privada a Hernán Cortés, justo frente al Palacio de Axayácatl, donde el huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin lo alojó junto con su ejército, a su llegada a Tenochtitlan. 

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Palacio Nacional de México
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Antiguo Palacio de Axayácatl, frente al Palacio Nacional

Hoy en día, sus salas están abiertas al público y, en su interior, hay murales de Diego Rivera, con representaciones de la vida cotidiana del imperio azteca, así como del México contemporáneo.

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Mutal “La gran Tenochtitlan” de Diego Rivera, al interior del Palacio Nacional

Detrás del complejo que comprende el Zócalo, la Catedral Metropolitana y el Palacio Nacional, se encuentra el “Templo Mayor”, que es el vestigio más importante del Imperio, porque fue el centro absoluto de la vida religiosa de los aztecas. Son los restos arqueológicos del centro ceremonial aquel, del que habla la historia, en donde se ofrecían a los dioses, los corazones aún latentes, de las víctimas de los pueblos sometidos.

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Vestigios arqueológicos del Templo Mayor

Los templos gemelos estaban dedicados, uno a Huitzilopochtli (dios de la guerra) y el otro a Tláloc (dios de la lluvia). Fue construido en 7 etapas, cada una de mayor altura que la anterior, donde cada tlatoani intentaba reflejar la grandeza y poderío de su gobierno sobre su antecesor.

Templos gemelos del huey Teocalli
Fuente: Wikipedia

Dentro de las joyas arquitectónicas que resguarda el Centro Histórico de la Ciudad de México, destaca una: el Palacio Postal. Es un bello edificio de estilo ecléctico, de principios del siglo XX, que refleja la prosperidad de su época, obra del arquitecto italiano Adamo Boari, a quien se le atribuyen también otros bellos edificios emblemáticos de México.

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Palacio de Correos

Es un edificio de cuatro niveles, en los que se combinan perfectamente algunos elementos de los estilos plateresco isabelino y gótico veneciano. En su interior, destaca una impresionante escalinata de hierro, que se alza en una rampa principal y dos más a los lados, al centro del hall principal, recubierto con mármoles mexicanos. El remate del cubo de esta sala se encuentra cubierto por un impresionante domo de cristal emplomado.

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Escalinata interior

Ahora, es posible apreciar de cerca esta cubierta desde el último piso, donde se encuentra la sede del Museo de Historia y Cultura Naval de la Secretaría de Marina.

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Gran domo de cristal emplomado al interior del Palacio de Correos

A solo unos pasos del Palacio Postal se encuentra otro, emblema por excelencia de la hermosa ciudad de México: el Palacio de Bellas Artes. Es, por sí mismo, un monumento artístico; así lo declaró la UNESCO, en 1987.

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Palacio de Bellas Artes

Se inició su construcción por órdenes del entonces presidente Porfirio Díaz, para conmemorar el centenario de la Independencia de México. El encargado de esta obra fue, de igual manera, el arquitecto Adamo Boari. De estilo Art Decó, prevaleciente en Europa durante aquellos años, se ve reflejado en el gran domo que recubre el recinto, donde descansa un ángel alado representando la Independencia, emblema de la ciudad.

Su magnificencia exterior es sólo un reflejo de la belleza que alberga en su interior. El elemento central es la gran sala de espectáculos, con un aforo para 1,977 personas. La joya de la corona es el telón antifuego (único en el mundo), con la imagen de los volcanes mexicanos Popocatépetl e Iztaccíhuatl y un peso de 24 toneladas, encargado a la casa Tiffany de Nueva York a modo de rompecabezas.

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Gran telón con la representación de los volcanes mexicanos Popocatépetl e Iztaccíhuatl

Además de la Orquesta Sinfónica Nacional, la Compañía Nacional de Teatro, la Compañía Nacional de Ópera y la Compañía Nacional de Danza, que presentan sus temporadas aquí, se han presentado artistas de la talla de María Callas, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, entre otros, así como las orquestas filarmónicas de Londres, Nueva York, Viena, Moscú, Los Ángeles, etc.

Otros elementos destacados al interior del Palacio de Bellas Artes son los murales que visten las paredes del Museo del Palacio de Bellas artes, en el segundo nivel. Aquí, se exhiben obras de los grandes muralistas de México como David Alfaro Siqueiros, Jorge González Camarena, Roberto Montenegro, Miguel Rodríguez Lozano, Rufino Tamayo y Diego Rivera, reflejando la vida cotidiana y los acontecimientos importantes del México contemporáneo.

A  través del Paseo de la Reforma, una avenida comparable con los Campos Elíseos de París, llegamos al Castillo de Chapultepec, erigido en lo alto de un cerro del mismo nombre. Chapultepec es una palabra de origen náhuatl que proviene de los vocablos chapuli que significa “saltamontes” y tepetl que quiere decir “cerro”. Chapultépetl es, pues “cerro del chapulín”.

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Castillo de Chapultepec

Desde su ubicación, domina el paisaje arbolado, rematado por el lago de Chapultepec, único remanente del gran lago de Texcoco. Fue construido en la época del virreinato de la Nueva España con el propósito de fungir como casa de verano del virrey. Desde su construcción, ha sido un santuario que alberga grandes pasajes de la historia de México. Aquí vivió el emperador Maximiliano de Habsburgo, único monarca del llamado Segundo Imperio Mexicano. Posteriormente, fue sede del Colegio Militar, durante la intervención del ejército estadounidense (sí, también anduvieron tratando de meter su cuchara aquí).

Su belleza ha hecho que el Castillo de Chapultepec haya servido como escenario en diversas filmaciones de talla nacional e internacional, tal es el caso de la película “El bolero de Raquel” protagonizada por Mario Moreno “Cantinflas” en 1957. De igual modo, en 1996, en la realización de la película “Romeo + Juliet” protagonizada por Leonardo DiCaprio.

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