Museo Nacional de Antropología

“El pueblo mexicano levanta este monumento en honor de las admirables culturas que florecieron durante la era Precolombina en regiones que son, ahora, territorio de la República. Frente a los testimonios de aquellas culturas, el México de hoy rinde homenaje al México indígena en cuyo ejemplo reconoce características de su originalidad nacional.”

Adolfo López Mateos
(Presidente de México, 1958-1964)
17 de septiembre de 1964

Partiendo del zócalo de la Ciudad de México, tomamos el Turibús, que es una especie de “city sightseeing” que resulta muy útil a la hora de recorrer una ciudad tan grande y llena de atractivos como el D.F. El sistema es simple y permite, con un boleto, bajar del autobús para visitar los diversos puntos de interés durante el recorrido.

Una de estas paradas es el Museo Nacional de Antropología. Es uno de los recintos más importantes de México y del continente americano. En sus instalaciones alberga el legado de las antiguas civilizaciones de Mesoamérica; el edificio es obra del reconocido arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vasquez (q.e.p.d.) quien cuenta con otras obras museográficas alrededor del mundo, que también he tenido oportunidad de visitar.

Las salas de exhibición están distribuidas al rededor de un gran patio central, con un estanque lleno de lirios y una gran fuente conocida popularmente como “la sombrilla” a través de la cual cae una cascada artificial. En cada sala se exhiben las mayores colecciones del arte prehispánico de Mesoamérica, principalmente de las culturas maya, azteca, olmeca, teotihuacana, tolteca, zapoteca y mixteca, entre otros pueblos del México antiguo, en un total de casi 8 hectáreas.

Ciudad de México
Patio central del Museo Nacional de Antropología

La riqueza histórica y cultural es incalculable, pero dentro de las piezas más representativas se encuentran las esculturas monumentales teotihuacanas dedicadas a los dioses del agua, la tumba del rey Pakal, un atlante tolteca traído desde Tollan-Xicocotitlan, una réplica del flamante penacho o tocado de plumas de quetzal, engarzadas en oro y piedras preciosas del emperador Moctezuma (el original se exhibe en el museo de etnografía de Viena, Austria) y, desde luego, la Piedra del Sol, que es el corazón mismo del museo.

Ciudad de México
Chalchiuhtlicue, la diosa del agua
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Coatlicue, la diosa madre y diosa de la fertilidad
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Réplica del Quetzalpapalotl o Penacho de Moctezuma. El original se encuentra en el Museo Etnológico de Viena, Austria

La Piedra del Sol consiste en un disco monolítico basáltico con inscripciones cósmicas mexicas y cultos solares. Comúnmente también se le llama calendario azteca, aunque el término designado es incorrecto, porque no representa ninguna medición del tiempo. Fue encontrado en los restos del Templo Mayor, de México-Tenochtitlan. Debió ser enterrada o derrumbada al momento de la conquista y permaneció ahí hasta su hallazgo cerca del zócalo, en 1790.

La estructura del Ollin Tonatiuhtlan (en náhuatl), consiste en un disco central donde se encuentra la cara del dios del sol Tonatiuh; a su alrededor están representadas las cuatro eras o cuatro soles que antecedieron al Quinto Sol: 4 jaguar, 4 viento, 4 lluvia y 4 agua. Además, el disco central contiene los signos de los puntos cardinales simbolizados de la siguiente manera:

  • Norte: 1 pedernal
  • Sur: 1 lluvia
  • Este: Xiuhuitzolli (Signo heráldico)
  • Oeste: 7 mono

La siguiente corona está conformada por los pictogramas de los veinte días bautizados del calendario sagrado azteca, en el sentido opuesto a las manecillas del reloj. Estos veinte días, combinados con trece números daban como resultado un año sagrado de 260 días.

El segundo anillo contiene varias secciones cuadradas, cada una con cinco puntos que, se supone, representaban las semanas de cinco días.

En el extremo de la piedra, se ubica el tercer anillo en el que se abren las fauces de dos Xiuhcóatl o serpientes de fuego, que enmarcan la piedra. Sus cuerpos están divididos en 52 secciones que pueden simbolizar 52 ciclos anuales (el ciclo mexica consistió en 52 años). Estos detalles se aprecian acuñados en las monedas circulantes de la denominación de pesos mexicanos.

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Piedra del Sol

Otro tesoro del museo se exhibe frente al acceso principal y consiste en un monolito representando a Tláloc, dios de la lluvia. Tiene una altura de 7 metros y un peso estimado de 168 toneladas. Fue hallado en San Miguel Coatlinchan, Estado de México, de donde fue extraído en 1964 para ser colocado a las afueras del museo, con la ayuda del Ejército Mexicano ante la inconformidad de los habitantes de la población. Cientos de personas se dieron cita en las calles por donde pasaría el convoy que resguardaba el monolito, como dándole la bienvenida a su nuevo hogar.

Ciudad de México
Escultura monolítica de Tláloc, dios de la lluvia

Dentro de las curiosidades que rodean a este hecho, está documentado que, a pesar de que el pronóstico del tiempo había augurado un cielo despejado, el traslado se realizó bajo una lluvia torrencial.

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