Oaxaca de Juárez

Entre los individuos como entre las naciones,
el respeto al derecho ajeno, es la paz”.

Benito Juárez

Oaxaca se encuentra en el sur de México. Posee, además de bellezas naturales, una gran riqueza cultural, histórica y arqueológica. Es el estado con el mayor número de municipios en el país, encabezando la lista con 570. Es también la entidad con mayor diversidad étnica y lingüística de México, donde convergen 18 grupos étnicos de los 65 que existen en el territorio nacional.

A una de estas etnias pertenecía Benito Pablo Juárez García, indígena de origen zapoteca que se convirtió en Presidente y por quien la ciudad lleva su nombre (y en cuya memoria le fue otorgado el nombre a Benito Mussolini). Juárez marcó un parteaguas en la historia de México; durante su gobierno se instituyó la República, tal como la conocemos hoy en día. Pese a que antes de ser el abogado que lo llevó a la silla presidencial, había sido seminarista, su primer decreto en las leyes de Reforma fue la nacionalización de los bienes eclesiásticos, y la institución de un Estado laico. Es mucho lo que el México de la actualidad le debe a Benito Juárez, cuyo rostro engalana los billetes de veinte pesos mexicanos.

La ciudad de Oaxaca es la capital del estado homónimo, fue fundada por un destacamiento de guerreros, enviados por el octavo tlatoani azteca, Ahuízotl. Se ubica en los Valles Centrales, rodeados por dos sistemas montañosos: la Sierra Juárez y la Sierra Madre del Sur.

Oaxaca
Sierra de Oaxaca

Llegamos ahí, saliendo desde la CAPU (Central de Autobuses de Puebla), a través de un recorrido de aproximadamente 3 o 4 horas. Llegamos al atardecer, antes de caer la noche y, de inmediato, salimos a recorrer las calles del Centro Histórico, declarada “Patrimonio Cultural de la Humanidad” por la UNESCO en 1987, debido a su belleza arquitectónica y su buen ejemplo de urbanismo colonial español.

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Centro histórico de la ciudad de Oaxaca

Como para no olvidar que estábamos en México, ahí en las calles de Oaxaca, nos recibió una fiesta: la Calenda. Es una tradición oaxaqueña que tiene sus orígenes en la colonización, y tiene que ver con la complejidad y saturación de las celebraciones de los pueblos mexicanos. Todas las fiestas patronales se inician con la Calenda: un recorrido por todas las calles del Centro Histórico, pues es la manera de invitar a todo el pueblo a unirse al festejo. La parte más importante son los grandes muñecos o marmotas, hechos de una armazón de carrizo, cubiertos con papel maché y vestidos con las ropas tradicionales oaxaqueñas, que danzan al ritmo de la música de banda, indispensable para ambientar la fiesta. La gente carga pequeños faroles o aguinaldos, mientras los cohetes anuncian la cercanía de la Calenda o por dónde va pasando.

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Calenda oaxaqueña
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Los cohetes anuncian que la Calenda va pasando por las calles

Además de la Calenda, la Guelaguetza es otro festival cultural representativo de Oaxaca. La palabra tiene origen zapoteco y significa la acción de ofrendar, compartir o regalar. Forma parte de los cultos populares a la Virgen del Carmen, por lo que se lleva a cabo los dos lunes más cercanos a esta festividad religiosa; en ella, participan grupos folklóricos de las ocho regiones del estado.

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Danza tradicional del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Imagen: Ingrid Broca

Ya de día, Oaxaca recibe a sus visitantes con el colorido de sus fachadas coloniales y la majestuosidad de sus monumentos y edificios. La mejor manera de recorrer las calles del Centro Histórico y los sitios de mayor interés en la ciudad, es en el Tranvía. Es posible abordarlo en la calle posterior a la Catedral, donde inicia el viaje a través de la historia, también.

La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, comenzó a construirse en 1535 y se consagró hasta 1733. Hacia 1740, se inició la última etapa de su construcción, se pusieron canceles provenientes de Europa y candiles florentinos. En el interior, el Presbiterio tiene acabados de mármol griego y se exhive una imagen de la Virgen de la Asunción pulida en bronce fundido, obra del artista italiano Todolini. La fachada principal se concluyó 12 años después, está compuesta por tres cuerpos de estilo barroco. Las torres no son originales, puesto que fueron derrumbadas en 1931 por un terremoto, debido a que Oaxaca se encuentra una de las zonas de mayor sismicidad del continente americano.

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Catedral de Oaxaca

Otro edificio de suma belleza es el Teatro Macedonio Alcalá, de estilo art nuveau. La magnífica entrada principal consta de tres puertas coronadas con arcos de cantera verde, que adornas la esquina que se forma entre las calles Independencia y Armenta y López.

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Teatro Macedonio Alcalá

Al interior, hay un lujoso vestíbulo de estilo francés, tipo Luis XV. Fue inaugurado en 1909, y fue nombrado así en honor al músico y compositor mexicano autor del maravilloso vals “Dios nunca muere”, que es casi un himno del estado de Oaxaca.

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Interior del Teatro Macedonio Alcalá

Comparto un enlace de esta melodía, interpretada por la Orquesta Filarmónica Nacional:

Otro edificio de interés para visitar es el ex Convento de Santo Domingo de Guzmán. Su construcción se comenzó a mediados del siglo XVI y, desde entonces, ha sido escenario de varios sucesos importantes a través de la historia de México: bodega militar, establo, cerrado al culto en tiempos del laicismo de los gobiernos emanados de las Leyes de Reforma y, luego devuelto nuevamente a la Iglesia.

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Exconvento de Santo Domingo de Guzmán
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Corredores al interior del convento

Hoy en día, el edificio es la sede del Museo Regional de Oaxaca. Alberga, en su interior, una gran colección de objetos históricos del estado, así como piezas arqueológicas.

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Área del museo, donde se aprecia la decoración del exconvento
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Cúpula decorada en oro

Para acceder, es necesario atravesar una pequeña plaza o patio interior, que es empleado como escenario de diversos eventos culturales, fiestas populares y otros espectáculos. Se encuentra rodeada por portales formados por arcadas de medio punto que descansan sobre columnas de forma hexagonal.

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Patio central del convento

Como parte de este complejo arquitectónico, está el magnífico Templo de Santo Domingo de Guzmán, que actualmente sigue prestando servicios religiosos para la comunidad católica. Es la más espléndida de las iglesias de Oaxaca, fue construido entre 1570 y 1608 por los más finos artesanos provenientes de Puebla y los alrededores, ayudando en su  edificación.

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Templo de Santo Domingo de Guzmán

A pesar de su bella fachada barroca, la verdadera magnificencia de este santuario se encuentra en su interior. Debido a la zona sísmica en la que se ubica la entidad, el templo fue provisto de gruesos muros sobre los que descansa una extensa bóveda de cañón, todo exquisitamente decorado con coloridas molduras que, a su vez, fueron recubiertas con lámina de oro.

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Decorado interior del Templo

El único alumbrado que se percibe proviene de la iluminación natural que entra a través de las pequeñas ventanas que se ciernen en la parte alta de las paredes, por lo que la sensación puede ser de oscuridad parcial. Sin embargo, la luz se intensifica al caer la tarde, cuando la el sol entra directamente y es posible apreciar vivamente el decorado.

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Retablo principal en el Altar Mayor

Los cimientos se fincan en una planta en forma de cruz latina, como casi todos los templos de la época. En su interior se encuentran 10 capillas que rodean la nave principal, sobre la cual cae un domo que fue decorado con detalles del árbol genealógico de Santo Domingo, además de otras pinturas que representan pasajes bíblicos. Al fondo, se encuentra el ábside decorado por un retablo de madera y recubierto de oro; sobre la entrada principal se encuentra el área del coro y sotocoro.

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Área del coro

De noche otra vez, y regresamos caminando por la Calle Alcalá, via peatonal rodeada de edificios coloniales, tiendas y galerías, que va desde la plaza de Santo Domingo (frente al templo) hasta la Catedral. Por la tarde, se llena de ambiente, color y movimiento, convirtiéndose en un buen lugar de concurrencia entre propios y extraños. Ahí, se encuentran diversas agencias de viajes que ofrecen todo tipo de recorridos hacia los puntos de interés en los alrededores de la ciudad, casi sin variantes en los precios entre una y otra; es una buena opción, pues incluye la transportación desde la puerta de tu hotel u hostal hasta el o los lugares que se deseen visitar y, de igual manera de vuelta, en un transporte cómodo y un guía en inglés o español (por el mismo precio), por una cantidad bastante accesible, aún cuando se viaja con bajo presupuesto o “budget backpacking”.

Antes de volver a donde nos hospedábamos, fuimos a la Cenaduría “Tlayudas Libres”, un singular y modesto local (calle Libres 212, entre Murguía y Morelos), donde los coches se estacionan en doble fila para esperar su pedido mientras dos señoras dan forma a las tortillas con su mano; abre de 9 de la noche y hasta las 4:30 de la madrugada, ideal para cenar tlayudas, que son tortillas alargadas y crujientes, untadas con frijoles negros sobre los que se coloca generalmente carne asada, quesillo y tu elección de salsa. ¡No te vayas de Oaxaca sin probarlas! Aunque corres el riesgo de no quererte ir nunca.

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