Siempre Egipto

Había llegado el momento de reunirme con Abdallah de nueva cuenta, tras nuestra despedida en la Ciudad de México. El viaje comenzó haciendo una escala en el aeropuerto de Frankfurt, Alemania. El vuelo de Lufthansa duró 11 horas, en las que no pude conciliar el sueño en lo absoluto. Tras 8 horas de conexión y breves períodos de somnolencia, retomé el viaje, que duró otras 5 horas, hacia El Cairo.

Frankfurt
Aeropuerto internacional de Frankfurt

Cuando el avión aterrizó, era más de media noche. Compré la visa a la llegada e hice la larga fila para que me estamparan el pasaporte; después me dirigí a la banda transportadora de equipaje, solo para comprobar que la velocidad con la que llega tu maleta es inversamente proporcional a la prisa que llevas.

Tras una espera que me pareció eterna, vislumbré a Abdallah que, desde hacía mucho rato, ya me esperaba entre la multitud. Nuestros encuentros en el Aeropuerto Internacional del Cairo ya parecían una cosa cotidiana, pero nunca han dejado de ser emocionantes.

Cairo
Aeropuerto internacional de El Cairo

Mi llegada coincidió con la víspera de su cumpleaños y, para celebrar, la siguiente noche cenamos a bordo del Maxim, un crucero que navega a lo largo del río Nilo, que ofrece un animado espectáculo a los comensales, mientras degustan deliciosos platillos, durante las 2 o 3 horas que dura la travesía.

Frente al embarcadero, en la isla de Zamalek, se encuentra el Hotel Marriot Cairo. Las instalaciones centrales fueron, alguna vez, el Palacio Gezirah (isla, en árabe), construido para el khedive (sultán) Ismail Pasha, virrey de Egipto bajo el control del imperio otomano.

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Hotel Marriot Cairo

Aún cuando el hotel es exclusivo, y las políticas de derecho de admisión en Egipto son muy estrictas, el personal del hotel está siempre dispuesto a conceder la entrada a quienes gusten deleitarse con el hermosísimo mobiliario y piezas de decoración interior de estilo islámico, de entre las que destacan majestosas pinturas que representan las escenas de la vida cotidiana y habitantes del Egipto del siglo XVIII, que fueron especialmente retratadas a petición de Napoleón Bonaparte.

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Decoración interior del hotel Marriot Cairo

Nos estábamos quedando cerca de la Plaza Tahrir, uno de los monumentos más importantes para los egipcios en El Cairo. Fuimos testigos de una ola de protestas, encabezadas por musulmanes conservadores, que condenaban una película llamada “Inocence of Muslims” en la que, según ellos, se ridiculizaba al profeta Mahoma mostrándolo como mujeriego, homosexual, abusador de niños, tonto, falso religioso o sanguinario. Para ellos, cualquier representación del máximo profeta del Islam significa una blasfemia, y la difusión de esta cinta encendió tanto la furia de sus fieles que atacaron violentamente varias bases diplomáticas estadounidenses, causando la muerte del embajador de Libia. Porque no, no son tontos ni sanguinarios.

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Musulmanes conservadores protestando por la película “Innocence of muslims”

Estos hechos recrudecieron la ya inestable situación política y social que impera en Egipto desde el inicio de la Primavera árabe, un efecto dominó que tuvo efecto en varios países de la región y que, en Egipto, tuvo un gran impacto, causando la destitución del entonces Presidente Hosni Mubarak.

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Protestas rumbo a la Plaza Tahrir

Decidimos quedarnos unos días más en el caótico Cairo. Se aproximaba la celebración de la Independencia de México, una festividad que tiene un gran significado para mí y, ahora que estaba fuera de mi país, no quería perderme la oportunidad de conmemorarla junto con otros mexicanos expatriados y funcionarios diplomáticos en la Embajada de México en El Cairo. La noche del 15 de septiembre de 2012 fue memorable, entre tequila, comida mexicana y canciones de mariachi. ¡Sí! En Egipto hay una banda de mariachis formada por muchachos egipcios que entonan nuestras más entrañables canciones mexicanas, cantándolas de memoria porque no hablan nada de español.

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Noche mexicana en la Embajada de México en El Cairo

Es tan halagador que la cultura mexicana traspase fronteras y sea tan respetada y honrada en países tan lejanos. Y, a la vez, es tan decepcionante ver cómo muchos mexicanos dejan en segundo término la grandeza de una nación como la nuestra, porque consideran que solo se reduce a la corrupción de sus gobernantes, como si fuera un problema exclusivo de nuestro país.

Hace falta estar a miles de kilómetros para sentir a México en cada latido del corazón, en cada estrofa del Cielito lindo. Como lo sienten y lo añoran esas personas que, esa noche, se dieron cita en ese lugar; llevan muchos años trabajando en el extranjero, tienen hijos que nunca han ido a México o tienen doble nacionalidad, son niños o jóvenes que hablan español con dificultad pero se sienten muy mexicanos, portan orgullosos el traje regional del estado de la república que vio nacer a sus papás, y que, cuando llegue el momento, piden “que digan que estoy dormido, y que me traigan aquí, México lindo y querido, si muero lejos de ti”.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. casasgredos dice:

    Muy bueno el post!! Nos encatará ir algún día y más según lo detallas.

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    1. Ojalá lo hagan pronto. Es un gran país, lleno de mucha cultura.

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