Alejandría, el sueño de Alejandro Magno

La primera vez que fui a Egipto, en 2007, me quedé con las ganas de ir a Alejandría, la ciudad fundada bajo el nombre del mismísimo Alejandro Magno. Con solo dos semanas para recorrer ese país, tuve que optar por visitar los templos de Abu Simbel en la región del “alto Egipto”, en vez de ir a la costa mediterránea en el norte. No sabía si volvería algún día, pero me dije “la próxima vez”. Esa oportunidad llegó en 2012 cuando, una vez más, visité tierras faraónicas.

Luego de una corta estancia en El Cairo, nos desplazamos a la ciudad donde Abdallah había vivido durante los últimos años y donde había asistido a la Universidad. Me entusiasmó mucho la idea de, por fin, conocer la segunda ciudad más importante de Egipto donde, alguna vez, se levantaron majestuosos, el Faro y la Biblioteca de Alejandría.

Hay varias formas de llegar desde la capital del país. Por carretera, se puede viajar en autobús, pero es necesario adquirir los boletos con anterioridad; o se puede recurrir al microbús, que es más económico y salen corridas a cada momento, una vez que ya se han ocupado todas las plazas al interior. En ambos casos, el trayecto es de 4 horas, o más, considerando el tráfico en ambas ciudades. Nosotros decidimos ir en tren que, a mi parecer, es la mejor manera; los vagones son confortables y el recorrido dura solo 2 horas y media.

Nos dirigimos a la recientemente renovada estación Ramsés, también conocida como Estación Misr (el nombre del país, en árabe. Por que no, Egipto no se llama “Egipto” en Egipto). Se encuentra en el centro de El Cairo, por lo que hay que considerar el tráfico a todas horas del día (y, de la noche), para llegar a tiempo.

Cairo
Estación Ramsés

El nuevo edificio de la estación ferroviaria, incorpora elementos de la antigua civilización egipcia y su arquitectura, como hojas de papiro y palma, que se complementan con el resto la decoración, de estilo islámico.

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Interior de la estación Ramsés

Cuando llegamos a Alejandría, tomamos un taxi desde Sidi Gaber, la estación de tren, hacia Mahattet Al-Ramleh, la última estación del tram y el área de mayor movimiento en la ciudad. Ya casi era de noche y nos apresuramos a hospedarnos, para evitar recorrer las calles cargando nuestro equipaje y en plena oscuridad.

Llegamos al hotel Union, nada fuera de lo común, pero atendido por un personal amable y que no nos pareció entrometido (algo poco habitual para los egipcios) y con un lobby que ofrece las mejores vistas del corazón de Alejandría.

Alejandría
Alejandría, de noche

La ciudad moderna de Al-Iskandereya (su nombre en el idioma local), se extiende a lo largo de varios kilómetros bordeando la costa del mar Mediterráneo, a través de la avenida El-Gaish; es la única arteria que conecta ambos extremos de la ciudad y, debido a esto, permanece abarrotada a todas horas del día, de la noche y de la madrugada.

La gente en Egipto, no duerme. Nunca he logrado entender muy bien cómo pueden funcionar con ese ritmo de vida tan acelerado, no sé si es que no tienen trabajo o viven con el horario al revés. Pero la mayoría de los negocios abre después de las 11 de la mañana y cierran después de la media noche; otros, tienen servicio las 24 horas, y el tráfico esa una cosa que no para.

Este ir y venir se lo atribuyo a su religión. La primera llamada a la oración comienza antes de salir el sol y, desde esa hora, la gente sale de sus casas. A ésta, le siguen otras cuatro a lo largo del día, separadas entre sí por lapsos de 3 o 4 horas, aproximadamente. Entre el últmo azaan (llamada a la oración en la mezquita) y el primero del día siguiente, hay solo 6 horas de diferencia, ¡totalmente insuficientes para un sueño reparador! Puedo estar equivocada, pero me resulta que esta situación altera los nervios de cualquier persona y, tal vez, por eso, los egipcios andan siempre tan irritables.

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Buenos días en Alejandría. La luna aún no se entera

El escándalo tampoco conoce descanso. A toda hora suena el claxon de los vehículos, el parloteo de la gente, las peleas callejeras, los comunes accidentes de tráfico y uno que otro motociclista con música a todo volumen. Si dormir es, de alguna manera, posible, contemplar el amanecer frente al Mediterráneo es una experiencia única.

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La ciudad, de día

En nuestro primer día, decidimos recorrer el malecón a pie, hasta el área conocida como Bahari, un barrio de pescadores donde se encuentra el mercado de pescados y mariscos. Ahí, también hay varios restaurantes donde es posible elegir el pescado crudo y solicitar que sea asado, frito o sazonado al gusto; nuestro favorito se llama Kadoura, el más tradicional de Alejandría.

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Lanchas pesqueras en Bahari

Su privilegiada ubicación portuaria, la convirtió en una región estratégica que, en pocos años, se posicionó como centro cultural del mundo antiguo. Cuando el país se encontraba bajo dominio del imperio persa, Alejandro Magno entró triunfante a Egipto como vencedor del rey Darío, y los egipcios lo aceptaron y lo aclamaron como a un libertador.

Según el historiador Plutarco, Alejandro fundó la ciudad que lleva su nombre inspirado en un sueño que tuvo, en el que se le apareció un anciano de cabellos muy blancos y que le recitaba insistentemente cierto pasaje de la Odisea:

Hay a continuación una isla en el mar turbulento, delante de Egipto, que llaman Faros”.

Al despertar, se dirigió a la isla y comprobó su extraordinaria ubicación y la aprovechó, uniéndola a la costa por medio de un dique que realizó el arquitectó Dinócrates de Rodas que, además, se ocupó de la planeación urbanística y trazado de la ciudad. Administrativamente se dividió en cinco distritos, cada uno de los cuales llevó como primer apelativo una de las cinco primeras letras del alfabeto griego.

Fue una ciudad opulenta. A partir de entonces, surgió la dinastía ptolemaica, fundada por Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno. Durante la ocupación helenística en Egipto, se incorporaron nuevos elementos arquitectónicos a las edificaciones egipcias, dando paso al estilo ptolemaico o de los Ptolomeos. Éstos construyeron un palacio de mármol con un gran jardín en el que había fuentes y estatuas. Al otro lado de ese jardín había un museo y, en su interior, una gran biblioteca.

La Biblioteca Real de Alejandría o Antigua Biblioteca de Alejandría fue, en su momento, la más grande del mundo, y llegó a albergar hasta 900 mil manuscritos, que reunían todo el saber de la época.

Sin embargo, tras el imperio islámico y el establecimiento del califato ortodoxo, el khalifa Omar manifestó que “si no contenía más de lo que había en el Corán, era inútil y era preciso quemarla”. Pero existen varias versiones acerca de lo que pudo haber sido el fin de la Biblioteca. Unos escritores dicen que se vio afectada tras un incendio provocado por las tropas de Julio César: otros, afirman que Omar ordenó la destrucción de miles de manuscritos; o que fue cuando Aureliano tomó y saqueó la ciudad, o cuando este mismo hecho fue repetido por Diocleciano. La verdad es que se han hecho centenares de afirmaciones contradictorias, dudosas o simplemente falsas, realizando suposiciones a partir de muy pocos datos que, la mayoría de las veces, son sólo aproximaciones.

En 1987 surgió un proyecto de construir una nueva biblioteca en la ciudad de Alejandría, para recuperar una antigua maravilla de la historia de la humanidad. La Bibliotheca Alexandrina, fue construida para conmemorar la Antigua Biblioteca de Alejandría, intentando reavivar la brillantez que representó este anterior centro de estudio y erudición.

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Bibliotheca Alexandrina

El nuevo edificio consta de 11 niveles, 4 de los cuales se encuentra debajo del nivel de la calle. Su cubierta es circular, emulando el disco solar representado por el dios egipcio Ra. El diseño arquitectónico de esta cubierta, en forma de talud, combina el vidrio y el aluminio para aprovechar al máximo la luz natural y, al mismo tiempo, marcar una barrera con el exterior, propiciando un ambiente silencioso y óptimo para la lectura y el estudio.

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Interior de la Biblioteca de Alejandría

Su acervo se calcula en 200 mil ejemplares, la mayoría donaciones. Sus modernas instalaciones albergan, además, 50 mil mapas, 10 mil manuscritos, 50 mil libros únicos, unos 10 mil archivos multimedia de audio y 50 mil de vídeo. Además, cuenta con libre acceso a internet a través de varios equipos de cómputo, disponibles para la investigación, así como de una red inalámbrica abierta.

Frente al conjunto de la Biblioteca, del otro lado de la avenida (casi imposible de cruzar), se levanta una gran escultura artística de color blanco, que contrasta con las infinitas tonalidades del azul del cielo y del mar Mediterráneo.

Alejandría
Escultura frente a la Bibliotheca Alexandrina
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