Hasta siempre, Vietnam

Volvimos a Hanói luego del recorrido que hicimos por la bahía de Hạ Long. Decidimos regresar por esa noche al Hanoi Wing, el hotel donde nos habíamos quedado antes, porque el vuelo de vuelta a Kuala Lumpur saldría hasta el día siguiente. Nos recibieron con cierto recelo, por no haber reservado el tour con ellos, pero nos otorgaron la misma habitación que teníamos antes de irnos.

Esa tarde decidimos salir a explorar por última vez las calles de la ciudad, y gastar los últimos dongs de la cartera en souvenirs. Luego de un rato, el cansancio y un ligero malestar me hicieron volver primero. Ya en la habitación, escuché ruido en el pasillo e, inmediatamente, se fue la luz. Salí y no vi a nadie, excepto por una caja de interruptores junto a la puerta, en la que noté la falla y voilá.

Pero las cosas comenzaban a ponerse extrañas, y escuché de nuevo voces que provenían de afuera; luego de un rato, tocaron a la puerta. Dudé un momento, pero supuse que era Abdallah y al abrir la puerta, me sorprendió la silueta de uno de los empleados del hotel. Sonriente, me explicó que estaban esperando un grupo grande de turistas que debían hospedarse juntos, por lo que solicitó que desocupáramos la habitación cuanto antes y, a cambio, nos trasladarían a un hotel similar muy cerca de ahí.

Ante mi negativa, en rostro del hombre se ensombreció y luego de alegar un rato, me amenazó. Gritó: “¡15 minutes!” y le cerré la puerta en la cara. Era tarde, el vuelo de regreso saldría muy temprano por la mañana y en vez de descansar, había que empacar todo y buscar alojamiento a esa hora por lo que quedaba de la noche.

Luego de varios intentos por derribar la puerta a golpes, dejamos la habitación a la hora que quisimos y bajo nuestros propios términos. Exigimos nuestros pasaportes, alertamos los demás huéspedes sobre lo que nos acababa de suceder, proferimos algunas mentadas a los empleados insolentes y nos marchamos sin pagar.

Para nuestra fortuna, a los pocos pasos encontramos un hotel similar, un poco más barato y en donde nos recibieron con mucha amabilidad. Como indican los usos y costumbres del lugar, se nos ofreció reservar un recorrido a la bahía de Hạ Long con ellos, pero al explicar que dejábamos la ciudad a la mañana siguiente, dejaron de insistir.

A pesar de aquella mala experiencia el último día de nuestra estancia en ese país del Sureste Asiático, lo disfruté mucho y, sin duda, volvería; porque su belleza y legado cultural son incomparables, y porque un hecho aislado no ensombrece la calidez que irradia la afable sonrisa de los vietnamitas que nos trataron con amabilidad, cariño y respeto. Y eso, eso es Vietnam.

Hanoi
Hasta siempre, Vietnam
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5 Comentarios Agrega el tuyo

    1. Gema Karina dice:

      Muchas gracias, me alegra que te haya gustado.

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  1. ¡Qué mala suerte que vuestro último día acabara así! Pero tienes toda la razón, ‘un hecho aislado no ensombrece la calidez’ así que Vietnam sigue siendo un lugar recomendadísimo, ¿no? 😉

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    1. Gema Karina dice:

      Sí, todo es una experiencia y la comparto para que tengan mucho cuidado. Pero Vietnam es un destino imperdible, volvería sin duda 🙂

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