La vez que dormí frente a un tanque militar

Verano de 2013. Tan sólo unos meses atrás, a principios de año, había dejado Egipto para regresar a México. No tenía calculada la posibilidad de volver tan pronto, pero la idea me entusiasmó un poco. A fin de cuentas, no era mi lugar favorito en el mundo, pero la ciudad de Alejandría era muy familiar para mí.

Salí de Villahermosa en un vuelo demorado hacia la Ciudad de México. Al llegar al mostrador de la aerolínea para documentar mi equipaje, se me informa que el vuelo ha sufrido modificaciones. Y es que mientras yo viajaba, se había decretado estado de alerta (sí, otra vez) en Egipto, tras el derrocamiento del presidente Mohammed Morsi, miembro de la Hermandad Musulmana, un partido religioso que había llegado al poder con apenas poco más la mitad de los votos, tras el derrocamiento (también) de Hosni Mubarak, en 2010.

Ahora, había toque de queda, y el vuelo de conexión a Londres se efectuaría sin problema, pero sería imposible continuar ese mismo día a El Cairo, puesto que la llegada estaba estimada para después de la media noche, y la hora límite para transitar en las calles y carreteras eran las 19 horas.

Al ser una situación ajena a los pasajeros, British Airways me ofrecería todas las comodidades necesarias para mi estancia en Londres mientras esperaba el próximo vuelo a la capital egipcia. Llegué sin mayor contratiempo aproximadamente a las 7 de la mañana del día siguiente. En el aeropuerto de Heathrow, en vez de dirigirme hacia el área de Vuelos con conexión, fui a Atención a clientes, donde muy amablemente me otorgaron unos vales de transporte, hospedaje y alimentos para mi permanencia en la ciudad hasta el día siguiente.

33990478210_ee6b715059_b
Aeropuerto internacional de Heathrow

Luego de mucho tiempo haciendo fila para la revisión de seguridad y el control migratorio, me recibió una agente mal encarada de origen indio que me acosó con preguntas, sobre mis motivos para ingresar al país. A pesar de mis repetidos intentos por explicarle que mi breve estancia se debía a situaciones ajenas a mi voluntad, y que la misma aerolínea había cambiado el horario de mi conexión, haciendo necesario que pernoctara en la ciudad, se negaba a aceptar que yo no tuviera razones más poderosas para quedarme.

Pareció disgustarse por no encontrar un motivo para negarme la entrada, y como si también dependiera de ella, me cuestionó sobre mis “verdaderas” razones para ir a Egipto, y que si no estaba al corriente de la situación actual. Cuando le hice ver que, incluso si no me permitía salir del aeropuerto para dormir cómodamente en el hotel que la aerolínea ya había reservado para mí, no tenía autoridad para negar que abordara el próximo avión a El Cairo, y que su interrogatorio era ridículo.

Frustrada, llamó a su superior, un agente más amable y hasta sonriente, que me explicó que la única preocupación de ellos era velar por la seguridad de los pasajeros, y que debían estar seguros de que yo comprendía el peligro que corría viajando a un lugar en estado de emergencia. De la misma manera cordial, le hice ver que no era la primera vez que me tocaba presenciar una protesta en Egipto y que, incluso, estuve presente cuando estalló la Revolución de 2010 que dio inicio a la llamada Primavera Árabe, por lo que comprendía perfectamente la situación y asumía la responsabilidad de mi decisión.

Dicho esto, mi pasaporte fue sellado de manera expedita y me dirigí a la parada del autobús que me llevaría al hotel Renaissance operado por la cadena Marriot, junto con otros pasajeros en condiciones similares. Aún con el cansancio, decidí quedarme despierta para contrarrestar los efectos del jet-lag, y me dispuse a caminar por el área, llena de hoteles que cimbran junto con los aviones que despegan y aterrizan en las pistas aledañas.

34244098961_be30a165f0_b
Hotel Reinassance by Marriot

A la mañana siguiente, volví al aeropuerto con la intención de continuar mi viaje hacia Egipto. Allá me esperaría un conductor, que habría de llevarme de El Cairo a Alejandría en un vehículo privado, porque en esa ocasión nadie más podía ir por mí.

Abordamos con una demora de casi 3 horas y, ya en el avión, hubimos de esperar otras dos, por falta de pista para despegar, debido al tráfico aéreo en el cielo de Londres.

33532884944_95075fb21e_b
Terminal 5 del Aeropuerto internacional de Heathrow

Llegué a El Cairo a las 4 de la tarde, muchas horas después de las que debía, pero el viaje no terminaba ahí; había salido de mi casa 2 días antes, y aún no llegaba a mi destino final. El viaje por carretera a Alejandría dura casi 4 horas, y debíamos darnos prisa, si no queríamos llegar después del toque de queda (que entraría en vigor esa noche), por lo que aún no teníamos claro de qué se trataba.

Faltando pocos kilómetros para llegar a la puerta de la ciudad, aproximadamente a las 7 y media de la noche, nos topamos con un bloqueo en ambos sentidos. Automóviles completamente detenidos frente a barricadas colocadas torpemente a mitad del camino, custodiadas por elementos del ejército y, por si fuera poco, uno que otro tanque militar.

Cualquier negociación era inútil. Conforme pasaban los minutos, nos íbamos haciendo a la idea de pasar la noche encerrados en nuestros vehículos. Las 8, las 9, las 10… Sin comer, sin ir al baño, sin batería en el celular. Algunos más audaces lograron dar reversa y emprender el viaje de vuelta a Cairo, donde seguramente les esperaba un bloqueo similar.

No pude más. Salí del carro, caminé unos metros, encontré una cafetería y pedí hacer uso del “baño”, que más bien era un agujero en la tierra, rodeado de paneles de cartón que hacían de paredes. El hedor era insoportable. Era eso o mojarme los pantalones. El ser humano tiene la capacidad de adaptarse a las circunstancias más adversas.

Compré frituras y Coca-Cola, volví caminando entre los soldados que hacían guardia entre los carros estacionados, con sus metralletas al hombro. Las 12, la 1, las 2… Aún con la espalda hecha trizas, sucumbí ante el cansancio y me quedé dormida en el asiento trasero de la camioneta negra que había sido alquilada para llevarme a Alejandría. De haber llegado a tiempo, nada de esto habría pasado, pero por una demora en el vuelo, ahora tenía que pasar la noche ahí, entre el parloteo de hombres, las quejas de las mujeres y el llanto de los niños.

33990365310_2cdffa42fa_b1
Tanque militar egipcio

Como entre sueños, me despertó de súbito el ruido de un soldado golpeando el cristal de la camioneta con la punta de su metralleta. Todo era tan surreal. Busqué al conductor en el asiento delantero y no estaba, dudé en bajar la ventanilla, pero luego me sonrió dejando entrever un diente de oro, como para darme confianza. Accedí. Con el poco árabe que sé, entendí que quería darme ánimos y que dentro de poco, a las 5, removerían las barricadas y podríamos continuar el viaje.

A las 4:50 los tanques comenzaron a moverse. A las 5 se encendieron de nuevo los motores. Recorrimos poco más de un kilómetro cuando nos encontramos con otro bloqueo. En este esperamos menos, unos 45 minutos, antes de que el sol se elevara por el horizonte y se levantara el toque de queda.

Finalmente, y como si todo hubiera sido un mal sueño, llegué a la calle Fouad, casi desierta a esa hora, iluminada apenas por los primeros rayos del sol y la sonrisa de quien me esperaba.

33564494003_4cf3266a45_b1
Amanecer en la calle Fouad, en Alejandría
Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ana O dice:

    Ay, Gema, que experiencia! Veo que, a pesar del bloqueo, te trataron mejor en Egipto que la agente de migraciones en Heathrow. En mi experiencia, los Indo-Británicos son los mas antipaticos alli.
    Que paz que transmite la foto de la calle en Alejandria.

    Me gusta

    1. Gema Karina dice:

      Tienes mucha razón en cuanto a lo del trato y, a pesar de lo incómodo de la experiencia, se me trató con más violencia en Heathrow.
      También he tenido otras malas experiencias con los Indo-Británicos ahí, pero es un mal necesario para los que siempre andamos de acá para allá.
      Gracias, Ana, por tomarte un tiempo para leer y comentar. Te mando un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s