Castillo de Praga, el lugar donde el tiempo se detuvo

El conjunto arquitectónico más representativo de la ciudad es el Castillo de Praga, que se levanta, imponente, sobre una de las colinas cercanas al río Moldava. Sus apretadas filas de agujas, torres y palacios dominan el centro de la ciudad como una fortaleza de cuento de hadas.

De acuerdo al Libro de Récords Guinness, es el castillo antiguo más grande del mundo, donde es posible perderse entre sus callejones, patios, palacios, y jardines para admirar la belleza impresionante de la historia milenaria de la sede de los reyes de Bohemia, emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, presidentes de la antigua Checoslovaquia y de la actual República Checa.

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Vista del Castillo de Praga entre las líneas del tranvía

Su historia comienza en el siglo IX, cuando el príncipe Bořivoj fundó un asentamiento fortificado aquí. Creció improvisadamente conforme los gobernantes hicieron sus propias adiciones, resultando en la creación de una mezcla ecléctica de estilos arquitectónicos.

El recorrido inicia con la experiencia de atestiguar la ceremonia del cambio de guardia, que se lleva a cabo a las 12 del día en el patio principal, frente al Palacio Real, al interior del recinto.

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Ceremonia del cambio de guardia en el Castillo de Praga

El punto dominante del Castillo de Praga es la Catedral de San Vito, un símbolo espiritual de toda la República Checa, tanto por su historia tempestuosa como por su valor artístico, y es la mayor muestra del arte gótico en la ciudad.

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Catedral de San Vito
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Detalles arquitectónicos de la Catedral de san Vito
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Agujas y contrafuertes góticos

Su planta en forma de cruz latina está constituida de tres naves con un transepto, girola y capillas laterales. Las poderosas columnas sostienen una bóveda majestuosa, rematada por el altar mayor de estilo neogótico, que conserva también algunos detalles renacentistas.

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Nave principal de la Catedral de san Vito
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Órgano barroco en uno de los extremos del transepto de la Catedral
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Vitrales en el transepto
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Rosetón sobre la nave principal

El interior está magníficamente decorado y perfectamente iluminado por los rayos del sol que entran a través de los vitrales emplomados, y este ambiente medieval da la sensación de estar en un lugar donde el tiempo se detuvo.

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Vitrales emplomados que iluminan el interior
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Capillas menores en la girola
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Púlpito barroco

También forma parte de la catedral, la capilla de San Wenceslao, donde se resguardan sus reliquias. De estilo gótico, está bellamente decorada con murales que narran la vida del santo y, en la parte baja, se ubica la tumba construida en oro y piedras semipreciosas, así como pinturas sobre la Pasión de Cristo.

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Capilla de san Wenceslao

De igual manera, hay una tumba con los restos mortales de San Juan Nepomuceno, de 5 metros de altura y totalmente de plata, es una de las pocas obras barrocas de la catedral que han quedado intactas hasta hoy.

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Tumba de san Juan Nepomuceno

A un lado de la Catedral de San Vito, se ubica el viejo Palacio Real, una de las partes más antiguas del Castillo. Es un gran edificio de estilo gótico pero de fachada renacentista, que rodea un gran patio central.

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Palacio real del Castillo de Praga

Desde sus balcones exteriores se tiene la mejor vista panorámica de la ciudad de Praga, sus torres y sus bellos edificios multicolores de techos rojos.

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Palacio real del Castillo de Praga
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Vista panorámica de Praga

Al interior, las paredes están decoradas con insignias reales, escudos de armas y símbolos de los herederos. Hay, además, un gran número de objetos de gran valor histórico, como un librero con ejemplares originales de la época medieval, muebles, objetos decorativos, armaduras, etc.

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Insignias imperiales y escudos de armas
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Libros originales de la Edad Media

Aquí también se resguardan las Joyas de la Corona checa, exhibidas al público una vez cada 15 años, aproximadamente. Por fortuna, mi visita coincidió con una de estas oportunidades únicas.

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Cetro perteneciente a las joyas de la Corona checa

La corona, de diseño inusual, se dedicó y lleva el nombre del duque y patrón san Wenceslao I, aunque fue hecha para el rey Carlos IV. Está hecha de oro y piedras preciosas y pesa casi 2 y medio kg.

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Orbe de oro y piedras preciosas

Una antigua leyenda checa dice que cualquier usurpador que coja la corona está condenado a morir en un año. Para los ojos de algunos, esto se confirmó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobernador nazi del Protectorado de Bohemia y Moravia secretamente se puso la corona creyéndose un gran rey. Fue asesinado en menos de un año.

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Corona real de las joyas de la Corona checa

Sin embargo, el corazón del Palacio Real es el Salón Vladislav, un amplio espacio usado para banquetes, recepciones, coronaciones, y otros eventos de la corte bohemia. Incluso era lo suficientemente grande para acomodar torneos entre caballeros y otros multitudinarios eventos públicos. Es una de las áreas arquitectónicas y estructurales más complejas de la Edad Media, por su sofisticado sistema de bóvedas de piedra.

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Salón Vladislav

Al Castillo de Praga pertenecen también el convento benedictino y la Basílica de San Jorge, ésta última es la iglesia más antigua que se conserva dentro del conjunto. Su estructura gótica servía como institución de educación para las hijas nobles del reino checo, y hoy en día alberga la colección de arte bohemio del siglo XIX de la Galería Nacional de Praga y en ocasiones funciona como sala de conciertos.

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Interior de la Basílica de san Jorge

Bajo la superficie, se encuentra la sepultura de Santa Ludmila de Bohemia, así como los santuarios de Vratislav y Boleslao II de Bohemia, que descansan también aquí.

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Tumba de santa Ludmila de Bohemia

Su llamativa fachada es de estilo barroco, decorada con un tímpano frontal que representa a San Jorge matando al dragón, y fue reconstruida posteriormente luego de un grave incendio. Enmarca una pequeña plaza , justo en la parte posterior de la Catedral de San Vito, desde donde es posible observar la belleza de sus agujas y contrafuertes.

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Fachada renacentista de la Basílica de san Jorge

Justo a un costado comienza la calle de Jiřská, que continúa en descenso hacia la Torre Negra, llamada así por un incendio que la dejó ennegrecida permanentemente. Cerca de ahí se encuentra también la Torre Daliborka, conocida bajo ese nombre por su primer prisionero, Dalibor de Kozojed, un joven caballero sentenciado a muerte por una falta imperdonable en aquel entonces: ayudar a unos esclavos rebeldes durante un levantamiento.

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Calle de Jiřská y Torre Daliborka
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Instrumentos de tortura al interior de la Torre Daliborka

Se dice que era un personaje muy popular entre la población, por lo que las autoridades no se atrevían a anunciar la fecha de su ejecución. Mientras tanto, Dalibor solicitó un violín y aprendió a tocarlo en prisión mientras aguardaba el día de su muerte, hasta que un día dejó de sonar. Pero hay otra versión acerca de la relación entre este prisionero y el violín, que era el nombre con el que se conocía a un dispositivo de tortura de la época. La “música” era producida por los prisioneros cuando el procedimiento se iniciaba, sin duda muy lejos de la dulce melodía producida por un instrumento de cuerdas.

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Instrumentos de tortura durante la Edad Media

En la Torre Daliborka termina el Callejón del Oro, una pintoresca y célebre callejuela caracterizada por poseer una fila de once coloridos edificios relativamente bajos, que fueron construidos con un estilo manierista a finales del siglo XVI, con el propósito de albergar, en un principio, a los veinticuatro guardias del emperador Rodolfo II de Habsburgo y a sus respectivas familias. Sin embargo, debe su nombre a los orfebres que más tarde vivieron en dicho lugar.

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Una de las casitas del Callejón de Oro

Hoy en día es uno de los lugares más visitados del Castillo de Praga, por su aspecto de cuento de hadas con casitas pintadas en vivos colores y pequeñas ventanas y puertas.

El Castillo de Praga es un imperdible, su recorrido puede durar todo un día o dos, y constituye un atractivo de gran importancia, así como punto de referencia para comprender los cambios que ha vivido la República Checa. Sus paredes encierran cientos de años de historia y tradición, que conforman la riqueza cultural del gran pueblo checo.

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Vista panorámica del Castillo de Praga junto al río Moldava, al atardecer
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