Colonia, la ciudad más antigua de Alemania

Todo viaje presenta complicaciones que enriquecen la experiencia de conocer nuevos lugares. La mía comenzó en Ámsterdam, cuando terminaron mis días en la capital de los Países Bajos, y decidí tomar un autobús a Colonia, la ciudad más antigua de Alemania.

Contrario a lo que pudiera pensarse, el único sistema de transporte confiable parece ser el tren, que conecta a la mayoría de las ciudades europeas, grandes y pequeñas. Los autobuses, con boletos más asequibles, recorren distancias relativamente cortas en lapsos de varias horas, porque van parando en casi todas las comunidades a su paso.

En Ámsterdam, me dirigí al punto de donde saldría mi transporte hacia el país vecino y, esperando encontrar una gran terminal, me perdí en los alrededores de la Estación Central. 5 minutos pasados de la hora estipulada en mi boleto, y justo cuando creí que habían partido sin mí, encontré una parada improvisada en una de las calles a orillas del río Amstel, que no era más que un grupo de pasajeros jóvenes tirados en el césped, esperando el autobús. El suspiro de alivio se convirtió en desesperación, cuando pasaron las horas y ninguno de los camiones que de casualidad se acercaba, era el nuestro.

Al fin, abordamos y emprendimos el viaje, que a cada momento parecía hacerse interminable. A medio camino, en una gasolinería, el autobús se detuvo para cambiar de conductor, por razones que desconozco; y debido al prolongado retraso, un par de chicas parlanchinas aprovechó esta pausa para bajar a comprar algo de comer en una tienda cercana.

En realidad, nadie se percató de su ausencia, hasta luego de varios minutos de extraño silencio, en los que alguien notó los asientos vacíos y avisó al conductor quien, visiblemente molesto, llamó por teléfono para informar a las oficinas de la compañía sobre las pasajeras que se quedaron atrás (en alemán, así que igual pudo haber recitado un poema y hubiera dado lo mismo). Un vehículo pequeño fue por las chicas y las llevó a la siguiente ciudad donde, de nueva cuenta, abordaron el autobús, mientras el resto de nosotros les aplaudía.

Así, llegamos hasta Düsseldorf, y junto con los que terminaban ahí su recorrido, bajaron también quienes necesitaban comprar algo de comer, aún cuando nuestro malencarado conductor nos advirtió de no hacerlo. Esta vez, antes de continuar el viaje, alguien gritó que hacían falta dos jóvenes, que subieron sonrientes y con galletas, listos para ser aplaudidos también.

De noche, el silencio reinaba sobre las calles húmedas y frías de Colonia. Durante el día, el aroma de la conocida y original Agua de Colonia, perfuma el ambiente; y la vida en Köln transcurre alrededor de su Catedral, cuyas torres de filigrana dominan el panorama de la ciudad, a orillas del río Rin.

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Catedral de Colonia

Conocida como el Dom, se diseñó con la finalidad de recoger las reliquias de los Tres Reyes Magos, y es, sin duda, el edificio gótico más grande del mundo. Ha atraído, a lo largo de los años, a peregrinos de toda Europa y, actualmente, sigue siendo la atracción más visitada de Alemania.

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Entrada principal de la Catedral de Colonia

La primera vez que oí hablar de la Catedral de Colonia, fue en la Universidad. El colosal santuario me impresionó lo suficiente como para proponerme visitarlo algún día y, varios años después, ahí me hallaba, a los pies de la imponente estructura, que no es posible fotografiar por completo sin alejarse lo suficiente o sin una lente de gran apertura.

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Arquitectura gótica del Kölner Dom

Para poder apreciar sus dimensiones y su riqueza arquitectónica, hay que rodearla completamente. Los anchos muros que sostienen las naves, están reforzados por elaborados contrafuertes, coronados con arbotantes y agujas de encaje en piedra; y las gárgolas, siniestras, se posan en los rincones para escudriñar a los visitantes.

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Gárgolas de la Catedral de Colonia
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Fachada posterior de la Catedral de Colonia

Al interior, sus altísimas bóvedas nervadas parecen acoger al visitante, y sus arcos ojivales tejen una trama sobre la que se sostiene la nave. La luz entra a través de las coloridas ventanas y el rosetón, formando un caleidoscopio de 72 colores.

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Interior de la Catedral de Colonia
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Nave principal de la Catedral de Colonia
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Bóvedas y arcos góticos

Pero la cereza en el pastel es el Tesoro de la Catedral, un museo donde se resguardan preciadas e invaluables piezas de arte sacro, mobiliario, pinturas, armaduras, entre otros. Sin embargo, el mayor de todos es el Santuario de los Reyes Magos, un sarcófago ricamente decorado para preservar los restos de los reyes que siguieron a la estrella para el establo en Belén, donde nació Jesús. Las osamentas fueron sustraídas de Milán como botín de guerra y llevadas a Colonia, donde pronto se convirtieron en objeto de peregrinación.

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Tesoro de la Catedral de Colonia

La visita al Kölner Dom no está completa si no se suben los 533 escalones de la torre sur, para tener un arrobador panorama de la ciudad. Sin embargo, ninguna vista panorámica de Colonia está completa si en el horizonte no se dibujan las agujas de su magnífica Catedral, declarada Patrimonio Cultural por la UNESCO en 1996.

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Fachada lateral de la Catedral de Colonia

El mejor punto de observación es el mirador del KölnSKY, un edificio situado al margen derecho del río Rin. Desde la azotea, rodeada con cristal templado, se tienen grandes vistas aéreas del Dom y las chimeneas que denotan el carácter industrial que hoy en día caracteriza a la ciudad de Colonia.

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Vista aérea de la Catedral de Colonia y sus alrededores

Al cruzar el emblemático Hohenzollernbrücke, por el que atraviesan los trenes que salen desde la vecina Estación Central de Colonia, también se obtiene una postal inconfundible, que incluye la vista de la parte exterior del transepto de la Catedral y la estructura del puente de hierro sobre el río Rin.

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La Kölner Dom y el puente Hohenzollern en Colonia

De las barandas del sendero peatonal, cuelgan miles de candados que guardan promesas de amor eterno, y las ilusiones de quienes sellaron sus destinos aquí. Yo no tuve nadie a quién hacerle juramentos, pero me hice la promesa de volver, aunque para eso no necesité candados.

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Candados en el Hohenzollernbrücke de Colonia
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Candados en el puente Hohenzollern de Colonia
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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Hermoso! Voy en un par de meses, aumenta mi entusiasmo!

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    1. Gema Karina dice:

      Qué emoción que vas pronto, disfrútalo mucho. Es una ciudad pequeña pero muy hermosa. Bonn queda muy, muy cerca y ahí está la casa de Beethoven, por si eres amante del arte y la música. Un abrazo.

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