Zadar, donde el mar le canta al sol

Mi corta estancia en Eslovenia, terminó. De nueva cuenta me encontraba en la estación de autobuses de Liubliana con la mochila al hombro, esperando para partir hacia un destino nuevo.

Todo es confuso cuando no dominas el idioma y te encuentras esperando ahí, frente a un autobús vacío, que ya debería estar abierto, por lo menos. El conductor me mira desconfiadamente, me pregunta primero en eslovaco y luego en mal inglés a dónde voy. Cuando le digo, enciende un cigarro y sin gesticular en absoluto, una especie de gruñido me hace saber que estoy en el lugar correcto.

Parece ser que le simpaticé al conductor, su mutismo inicial no significa antipatía, más bien una falta de palabras en común. Su semblante siguió inmutable pero una actitud más amigable y protectora pareció invadirlo cuando respondí “México” a su pregunta sobre mi origen.

Al poco tiempo, siento la presencia de otro “perdido”, evidentemente extranjero, que también pregunta en inglés si ese es el autobús que va a Croacia y recibe el mismo gruñido por respuesta afirmativa. Nuestro célebre conductor igualmente le pregunta de dónde es, y los tres esbozamos una sonrisa cuando comunicó que él también era mexicano.

De repente, faltando un minuto para salir, todo mundo parece haberse puesto de acuerdo para llegar al mismo tiempo.

Óscar y yo nos sentamos juntos, platicamos (tal vez muy animadamente, como buenos mexicanos) en todo el trayecto y compartimos experiencias de viaje. Al cabo de dos horas, llegamos a Zagreb, la capital de Croacia. Yo continuaría a Zadar, en la costa de la Dalmacia, pero tenía que cambiarme a un autobús que llegaría un poco más tarde.

Gentilmente, mi compañero de viaje se quedó conmigo durante la espera y prolongamos la plática tomando café y comiendo unos panes hojaldrados muy populares en la región.

Cuando tuve que partir, nos despedimos como si nos hubiéramos conocido de siempre y como si pronto nos volveríamos a ver.

Llegué a Zadar cerca del mediodía. En la austera terminal hay señoras de sonrisas afables, que ofrecen a los turistas habitaciones al interior de sus casas, a precios más accesibles que en los hoteles. Aunque lo mejor es adentrarse en el casco histórico, escenario de ruinas romanas, iglesias medievales, cafés cosmopolitas y museos de alto nivel, establecidos en esta fascinante y pequeña ciudad en la costa dálmata de Croacia.

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Ciudad de Zadar
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Arquitectura mediterránea
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Iglesia de Santa María
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Plazas de Zadar
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Costa de la Dalmacia

Pudiera quedarse corta, en comparación con el resto de las provincias del país, de belleza incomparable, pero cuenta con dos atracciones únicas, que logran que valga la pena hacer una escala en el itinerario: el Órgano Marino y el Saludo al Sol, que merecen ser vistos y oídos para creerlos.

Ambos, obra del arquitecto croata Nikola Bašić; el primero se trata de un paseo escalonado artísticamente, realizado con bloques de piedra blanca provenientes de la isla vecina de Brač. Su mecanismo subterráneo contiene 35 tubos. El aire, presionado por el agua del mar que entra por el costado de las escaleras, produce acordes que inundan la ronda pública a través de agujeros verticales.

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Órgano de Mar

A un lado se encuentra el Saludo al Sol, un círculo de 22 metros de diámetro, fijado en el pavimento, conformado por 300 placas de cristal de varias capas, que absorben la energía del sol durante el día. Junto con el movimiento de las olas que dan sonido al Órgano de Mar, produce un espectáculo de luz a partir del ocaso, que simula el sistema solar, pero que también recoge la energía suficiente para alimentar todo el sistema de iluminación frente al puerto.

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Saludo al Sol

Uno de los aspectos más intrigantes de Zadar es la forma en que antiguos vestigios romanos parecen brotar al azar de las calles de la pequeña ciudad. En ninguna parte esto es más evidente que en emplazamiento del antiguo Forum que, como en la época romana, continúa siendo el centro de la vida cívica y religiosa, con la iglesia de San Donato que domina un costado de la plaza, y es el símbolo del casco antiguo de Zadar.

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Vestigios romanos e Iglesia de San Donato en el Forum de Zadar

Este templo circular de estilo bizantino, data de principios del siglo IX y lleva el nombre del obispo que lo encargó. Como uno de los pocos edificios del antiguo reino croata que sobrevivió a la invasión de los mongoles en el siglo XIII, es una reliquia cultural de especial importancia que, aunque ya no funge como iglesia desde hace 200 años, aún funciona ocasionalmente como sala de conciertos.

Por las tardes, las calles empedradas de Zadar cobran vida, y se puede sentir la brisa marina que circula por los callejones y las plazas, donde es posible degustar panes hojaldrados, ensaladas, pastas y demás delicias mediterráneas.

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Calles empedradas de Zadar

En alguna esquina, una señora vende artesanías, una familia pasea con un perro y los invitados de una boda siguen a los novios al ritmo del acordeón.

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Artesanías en las calles de Zadar
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