Bratislava, contraste de siglos

La pequeña y vibrante capital del también pequeño país de Eslovaquia, es un mosaico de historia que atesora un sinfín de cambios y evoluciones que explican su transformación.  Con el Danubio como principal eje de la ciudad, conserva ese aire señorial de todas las ciudades que han florecido a orillas de este río. El gusto del Imperio austro-húngaro, las huellas del comunismo y el pulso de la modernidad, confluyen en perfecta armonía en Bratislava.

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La historia de Bratislava se hace latente en su paisaje

El primer asentamiento importante en la región fue fundado por la tribu celta Boio, hacia el año 200 a.C. Posteriormente, los romanos ocuparon la zona desde el siglo I hasta la llegada de los eslavos en el siglo V. Luego, se incorporó a Hungría en el siglo X, para ser sitiada por los turcos otomanos en 1526 sin ningún éxito.

Su nombre actual fue adoptado hasta 1919, con la creación de la antigua Checoslovaquia. En esa época, estaba habitada por un conglomerado étnico variado, que comprendía alemanes, austriacos, húngaros, rumanos y eslovacos. En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, gran parte de la ciudad fue destruida, compartiendo la misma suerte que varias ciudades europeas. El dominio soviético significó un desastre urbanístico, con la construcción del puente UFO, que sustituía al que fue volado por los nazis, y que prácticamente borró del mapa el antiguo barrio judío. Además, el adusto concepto estético del comunismo hizo deslucir a la ciudad que, desde la independencia del país en 1993, ha vuelto a recuperar la belleza de las zonas a las orillas del Danubio.

Tras la separación de la antigua Checoslovaquia, Bratislava asumió la capital de la nueva Eslovaquia, y muchas miradas se posaron sobre la ciudad, resultando en un despliegue turístico que la ha llevado a posicionarse como una magnífica opción para los visitantes europeos y de todo el mundo. Atraída también por la creciente expectativa que surge en torno a esta pequeña ciudad, decidí explorarla en mi ruta por Europa Central.

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Palacio Grasalkovich

Salí en autobús desde Budapest, en un recorrido que dura aproximadamente 4 horas, durante las cuales se realiza una pausa para que un agente de policía inspeccione el interior de la unidad. Para tal efecto, se nos pide que descendamos del vehículo y esperemos a un lado de la caseta, mientras un nervioso perro olfatea los asientos y el equipaje de los pasajeros en busca de drogas o explosivos. Esta vez, sucede un incidente memorable: el animal se detiene reiteradamente sobre un maletín negro sospechoso. Su binomio humano lo distrae y lo insta a moverse en otras direcciones, por si acaso se encuentra confundido. Pero las veces que este procedimiento se repite, el perro inevitablemente vuelve al mencionado maletín negro. El nerviosismo de todos los pasajeros aumenta, personalmente siento pena por quien sea el dueño de dicha pieza de equipaje, que tendrá que interrumpir su viaje y tal vez rendir otro tipo de cuentas a las autoridades. Pienso que el policía tampoco tenía muchas ganas de inculparlo, era un hecho a toda vista lamentable. Finalmente, pregunta quién es responsable por el maletín, y el aludido resulta ser un joven bastante normal, probablemente de mi edad. Cuando le solicitan que abra el equipaje y descubra su contenido, el poderoso imán para el olfato del perro resulta ser un festín de salchichas, jamones y embutidos. Las risas de todos no se hacen esperar, y podemos retomar nuestro camino.

En algún punto, se avista un campo lleno de turbinas eólicas, que marca el punto en que confluyen las fronteras de los tres países vecinos: Hungría, Chequia y Eslovaquia.

A buena hora del mediodía llego a la deslucida estación de autobuses de Bratislava, y en mi camino por las calles de la ciudad, un flamante Ferrari rojo interrumpe su bramido para cederme el paso. Esa misma tarde salgo al encuentro de la ciudad, y recorro las calles del casco antiguo.

El núcleo de la historia de Bratislava, sus festivales y cultura es la Hlavné nám, o plaza principal, con joyas arquitectónicas en casi todas las direcciones.

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Hlavné nám, la plaza principal de Bratislava

Plantada en el corazón de la plaza más famosa de Bratislava, se encuentra la peculiar Fuente de Roland: la estatua de un caballero sobre una columna de más de 10 metros de altura, que fue erigida en 1572 para servir como suministro público de agua. Pero su popularidad radica en una leyenda local, que afirma que es posible verla inclinándose cada Nochevieja. Aunque, convenientemente, este fenómeno está reservado únicamente para aquellas personas de carácter impecable que hayan nacido en Bratislava.

Mi visita continúa a la mañana siguiente, en la Plaza Hviezdoslav, frente al edificio histórico del Teatro Nacional Eslovaco. Ahí, al pie de la estatua de Pavol Országh Hviezdoslav, uno de los líderes de la literatura y cultura de Eslovaquia, comienza el Free Walking Tour por el que hemos de adentrarnos en las serpenteantes calles de Bratislava.

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Teatro Nacional Eslovaco
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Plaza Hviezdoslav

Nos detenemos frente a una simpática estatua conocida como Čumil, cuyo nombre significa “el observador”. Basta con echar un rápido vistazo al rostro del hombre que trabaja en el cruce de las calles Laurinská y Panská para comprender por qué se conoce con ese nombre. La estatua de bronce, con una sonrisa en su rostro, asoma la cabeza por debajo de una tapa de alcantarilla en el casco antiguo.

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Estatua de Čumil o “el observador”

Llegamos al Antiguo Ayuntamiento o Stará Radnica, uno de los lugares más icónicos de la ciudad, conformado por un conjunto de edificios de diversos estilos en torno a un patio principal.

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Stará Radnica, el Ayuntamiento de Bratislava
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Patio posterior del Stará Radnica, el Ayuntamiento de Bratislava

En la parte posterior hay otra pequeña plaza en la que se ubica el Palacio del Primado, que funge como la actual sede del alcalde de Bratislava.

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Palacio del Primado

No muy lejos, se encuentra el mercado de la Plaza Frantiskánse, un pequeño y bonito mercado al aire libre con varios puestos muy cuidados de venta de recuerdos y artesanía típica eslovaca.

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Plaza Frantiskánse con el mercado al aire libre

A medio camino, nos desviamos para visitar la Iglesia Azul, dedicada a Santa Isabel de Hungría, en 1913.

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Interior de la Iglesia Azul

Este monumento de principios del siglo XX, es una visión en zafiro y azul celeste. Desde sus arcos ondulados y tejas de cerámica, hasta la punta de su torre del reloj, es una maravilla del art nouveau.

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Iglesia Azul de Bratislava

La Puerta de San Miguel o Michalska Brana, es el acceso principal al casco antiguo, y la única entrada conservada de la antigua fortificación medieval del siglo XIV. La torre alberga un museo y ofrece buenas vistas sobre parte de la antigua urbe a orillas del Danubio. Bajo ella se encuentra el arco de entrada a la ciudad vieja, cuya acústica estupenda hace que muchos músicos callejeros se ubiquen aquí para llamar la atención de las decenas de personas que cruzan a diario por este punto.

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Puerta de San Miguel o Michalska Brana

Una vez cruzada la puerta, nos encontramos en la Vertúrska Michalska, el eje principal del casco antiguo. A lo largo de esta antigua calle se han asentado numerosos negocios turísticos para satisfacer las necesidades de todos los visitantes que llegan hasta Bratislava. Las coloridas calles están llenas de cafés y restaurantes con mesas al aire libre, donde propios y extraños se dan cita para adentrarse en los encantos de esta pequeña urbe.

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Vertúrska Michalska
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Vertúrska Michalska

Desde aquí se puede acceder a algunas calles aledañas y hacia la muralla, que aún muestran cómo era el casco histórico antes de que comenzaran los trabajos de restauración.

Así, llegamos a la Catedral de San Martín, una iglesia gótica del siglo XV, con una torre puntiaguda de 85 metros de altura, cuyo tejado verdoso está decorado con brillantes motivos dorados, que representan las antiguas coronaciones de 19 miembros de la realeza que tuvieron lugar en este templo religioso.

El interior tiene cuatro capillas y un caballo de San Martín, así como enormes bóvedas de crucería y vidrieras que elevan la mirada.

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Interior de la Catedral de San Martín

San Martín fue erigida bajo los cimientos de una antigua iglesia románica, que formaba parte de las murallas fortificadas de la ciudad, lo que le confiere un aspecto robusto, más parecido a un castillo.

Pero ninguna visita a la pequeña y vibrante Bratislava está completa sin una cita al portentoso castillo que custodia la ciudad desde lo alto, siendo divisible desde prácticamente todos los alrededores.

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Vista del Castillo de Bratislava desde el casco antiguo

La fortificación data del siglo IX. Reformado como una fortaleza gótica en el siglo XV, y nuevamente en estilo renacentista cien años después, quedó en ruinas luego de un incendio en 1811. La edificación actual, con cuatro torres robustas y pintada de un deslumbrante tono blanco, es una reconstrucción de los años sesenta.

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El Castillo de Bratislava

El recinto acoge la sede del Parlamento eslovaco y el Museo nacional. A sus pies hay un pequeño parque con jardines y un mirador con magníficas vistas sobre la ciudad.

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Jardines interiores del Castillo de Bratislava
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Vista panorámica de la ciudad desde el Castillo de Bratislava

Desde aquí, también, se aprecia mejor el Puente UFO (OVNI), cuyo nombre oficial es Puente de la Insurrección Nacional Eslovaca, otra de las señas de identidad de Bratislava.

Esta maravilla de la ingeniería ostenta un claro de más de 300 metros sobre el Danubio, logrado gracias a un único pilote de sustento, del que salen varios cables tensores para sostener su descomunal plataforma de acero. Desde su inauguración, en 1972, conecta las dos orillas del afluente, comunicando la zona histórica con los barrios más modernos del sur de la ciudad.

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El puente de la Insurrección eslovaca o puente UFO, sobre el río Danubio en Bratisava

Su sobrenombre se debe a su particular seña de identidad,  el mirador con forma de platillo volador situado sobre el pilote, a más de 85 metros de altura. 

Aquí, a orillas del río Danubio, empieza y termina Bratislava, donde también empieza y termina mi visita por esta pequeña gran ciudad de Europa Central. Hasta la próxima.

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