Viena, historia imperial

Cada piedra de los palacios imperiales de Viena transmite historia, cultura y tradición. Pero no solo se aferra a su pasado, sino que lo incorpora a su presente, asegurándose de que siga formando parte de su futuro.

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Edificio del Ministerio de Defensa

Si Europa es arte, Viena es la obra maestra. Su grandeza imperial es el legado de la poderosa monarquía de los Habsburgo, su hogar durante más de seis siglos.

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Burgtheater de Viena

Llego a la ciudad en autobús, procedente de Bratislava. No pierdo el tiempo y me adentro en las maravillosas calles delimitadas con majestuosos monumentos arquitectónicos, hasta que llego al centro de la vida y sociedad vienesas: la Ópera. En sus noches más gloriosas, puede verse a los asistentes ataviados con sus mejores galas. En esta ocasión, a plena luz de un día común y corriente, las prendas veraniegas de los turistas contrastan con la vestimenta del siglo XVIII que portan los vendedores de boletos para los eventos de la semana.

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Edificio de la Ópera de Viena

Después de haber negociado con la aparente reencarnación de Mozart, me hice con una entrada para un concierto para el fin de semana. Pero, hasta que llegue el día, me dedico a recorrer el legado histórico y artístico que se manifiesta desde cada rincón de la ciudad.

A un costado del majestuoso edificio de la Ópera de Viena, se prolonga la Kärntner Straße, una calle peatonal llena de comercios de todo tipo, donde propios y extraños se dan cita para ir de compras, comer en los alrededores o simplemente pasar el rato.

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Tiendas en la Kärntner Straße
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Tiendas y restaurantes en la Kärntner Straße
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La Kärntner Straße, una de las calles peatonales más populares de Viena

Varias cuadras más adelante,  llego al corazón de Viena, que late a través de sus calles enmarañadas a partir de la impresionante Catedral de san Esteban. La Stephansdom es una obra maestra de la arquitectura gótica, que representa el orgullo y la alegría de los vieneses. Desde fuera, la vista se dirige primero hacia el glorioso techo de tejas, que forman un patrón de diez colores en zigzag, interrumpido por una franja de rombos. Juntas, las 320 mil piezas formarían una hilera de 51 km.

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Colorido techo de la Stephansdom, o Catedral de San Esteban

La torre sur, de mayor tamaño, presenta una base cuadrangular que va estrechándose a lo largo de sus 136 metros de altura. 12 torres angulares rematan la cima, y representan a los apóstoles que rodean la aguja principal, sobre la que se yergue un gabinete triangular simbolizando a la Trinidad. La torre sur, de menor tamaño, también es conocida como la “torre del águila”, por el águila que corona su cúpula de estilo renacentista.

El interior está dividido en tres naves principales, que confluyen en el altar mayor, de estilo barroco, en el que reluce un retablo de 15 metros de altura, pintado sobre placas de estaño pues, por sus dimensiones, se pensó que la tela no soportaría el peso de la pintura. La nave principal está cerrada al público durante los horarios de misa, que pueden ser hasta 8 al día.

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Nave principal de la Catedral de san Esteban

Continuando mi camino por las calles empedradas del centro histórico, llego al inconfundible edificio de fachada semicircular del palacio de Hofburg, que fue hogar de los Habsburgo por poco más de seis siglos y, por ende, el centro del Sacro Imperio Romano Germánico. Nada simboliza más el poder del imperio austro-húngaro, ni el resplandeciente patrimonio cultural de Austria, que este recinto. Debe su tamaño y diversidad arquitectónica al antiguo y simple sentido de superioridad: cada nuevo gobernante se encargó de agregar nuevas secciones.

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Palacio de Hofburg

Hoy en día, este impresionante complejo palaciego alberga las oficinas del presidente del país, un extraordinario conjunto de museos y majestuosas plazas públicas. Dedico la primera hora del siguiente día de mi viaje a visitar el interior y comienzo con los Kaiserappartements, o apartamentos imperiales, que deslumbran con su opulencia iluminada con candelabros de cristal. Independientemente de su función como la sede del gobierno y centro administrativo, el palacio de Hofburg era también la residencia de invierno de la familia imperial.

Es imposible estar aquí sin que vengan a la mente el emperador Francisco José y su emperatriz. Para adentrarse un poco en la historia de esta fascinante pareja, visito el Museo de Sisi, una visión más profunda de la vida de Elisabeth de Wittelsbach. Aquí, numerosos objetos personales que alguna vez le pertenecieron, se utilizan para ayudar a ilustrar la verdadera personalidad de la emperatriz frecuentemente incomprendida.

No menos importante, es la Silberkammer, una exposición de vajilla y cubertería pertenecientes a la familia imperial, una coleción única de importancia cultural e histórica, que comprende objetos y utensilios necesarios para el uso doméstico y la organización de la corte. Hoy en día, el Museo de la Colección de Plata exhibe alrededor de 7 mil objetos, que permiten a los visitantes imaginar los magníficos banquetes y ceremonias que debieron llevarse a cabo en los tiempos de su máximo esplendor.

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Exposición de Silberkammer, al interior del Palacio de Hofburg

Forma parte de esta magnífica colección una vajilla perteneciente a Maximiliano de Habsburgo, hermano menor del emperador Francisco José, que en vista de su más reciente nombramiento como emperador de México, encargó su fabricación a Venecia, a fin de que fuera utilizada por su familia en su nuevo hogar. El servicio estuvo listo hasta después de su cobarde ejecución a manos de las fuerzas liberales de México. La vajilla nunca se estrenó.

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Vajilla de Maximiliano de Habsburgo

Como parte del complejo, se encuentra adjunta la Burgkapelle, una capilla que data del siglo XIII. No tiene nada de particular, a excepción de que es aquí, donde en la misa dominical, los niños cantores de Viena elevan sus voces al Cielo y, de paso, nos elevan a nosotros a una experiencia fuera de este plano terrenal.

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Burgkapelle, la capilla de los niños cantores de Viena

También en el conjunto, se encuentra la Escuela Española de Equitación, con sus mundialmente famosos caballos Lipizanos. Lo que la hace especial, es que la Spanische Hofreitschule es la única institución del mundo que se mantiene sin cambios y ha conservado, desde el Renacimiento hasta hoy, el arte ecuestre clásico de la alta escuela. Gracias al entrenamiento durante años, el jinete consigue fundirse con el caballo en una unidad inseparable. La experiencia es inolvidable, gracias a la precisión de los movimientos de los blancos caballos en armonía con la música. Los espectáculos se llevan a cabo una vez por semana y, aunque los precios son exorbitantes, el “ballet de los corceles blancos”, lo vale. También es posible asistir a los entrenamientos, más amigables con los presupuestos, que se llevan a cabo todas las mañanas, en los que se efectúan sencillos ejercicios de relajación y lecciones para perfeccionar la ejecución de las técnicas.

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La entrada a la Escuela Española de Equitación o Spanische Hofreitschule se encuentra a un costado de la entrada principal del Palacio de Hofburg

La mirada al pasado de Austria no está completa sin la visita al Schloss Schönbrunn, cuyo esplendor se hace palpable en los frescos, los candelabros y el oro de sus maravillosos salones, que se consideran los interiores barrocos mejor conservados de toda Europa.

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Schloss Schönbrunn, el palacio de verano de los Habsburgo

El opulento palacio de verano de los Habsburgo es ahora Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. De un total de 1441 habitaciones, solo 40 están abiertas al público, pero son suficientes para vislumbrar la extrema belleza de este recinto.

A diferencia de Hofburg, Schönbrunn se extiende más allá de los confines de los muros que contienen las habitaciones palaciegas. Y es que sus jardines son un espectáculo impresionante por sí mismos.

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Jardines del Palacio de Schönbrunn
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“Glorieta” del Palacio de Schönbrunn

Basta con recorrer sus laberintos, túneles o invernaderos, o subir la empinada colina hasta la conocida Glorieta, desde donde se tiene una visa privilegiada, no solo del palacio entero sino de toda Viena.

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Vista panorámica del Palacio de Schönbrunn

En 1857, el emperador Francisco José, ordenó la eliminación de las murallas de la ciudad de Viena, para sustituirlas por un boulevard sofisticado y moderno, la Ringstrasse.

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Edificio del Parlamento

A su alrededor, se sitúan varios edificios de gran importancia cultural y arquitectónica, como el ayutamiento o Rathaus. De estilo neogótico, fue completado en 1883 por el mismo arquitecto que diseñó la catedral de Colonia, en Alemania. La aguja principal alcanza los 102 metros de altura si se incluye el banderín del caballero medieval que protege su punta, llamado Rathausmann.

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Rathaus o Ayuntamiento de Viena

Circundado por la Rinstrasse, se encuentra el MuseumsQuarter, un conjunto notable de museos, cafeterías, restaurantes y bares dentro de los antiguos establos imperiales. En esta área donde la herencia barroca y la vanguardia se contraponen, está concentrada la esencia de la vida cultural vienesa, convirtiéndose en uno de los centros culturales más ambiciosos del mundo.

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Museo de Historia Natural de Viena

No muy lejos de ahí se encuentra también el Museo de Etnología de Viena, que pudiera pasar casi desapercibido para la mayoría de los visitantes, pero no para mí, que deseo encontrar el punto en que la historia de esta magnífica ciudad, converge con mi propia historia.

Es en una de las salas de este modesto museo en el que se exhibe el magnífico penacho del emperador Moctezuma. La fastuosidad de la corte de este monarca está ampliamente documentada, y dentro de sus excentricidades se cuentan las opciones de vestimenta que diariamente se le presentaban, e incluían túnicas de algodón, sandalias, tocados y piezas de joyería adornadas con oro, piedras preciosas y plumas de aves exóticas, que solo portaba una vez. Por eso, es poco probable que esta pieza represente un objeto único e irrepetible sino, más bien, pertenecía a una amplísima colección de objetos personales del tlatoani azteca. Sin embargo, su importancia para los mexicanos, radica en que es el único ejemplar original de este tipo que persiste desde el México prehispánico hasta nuestros días.

Se cree que el quetzalapanecáyotl, este tocado de plumas de quetzal engarzadas en oro, llegó a Viena luego de que Moctezuma se lo hubiera obsequiado a Cortés y éste se lo hubiera enviado al rey Carlos I, junto con otros 158 objetos, a modo de souvenirs del Nuevo Mundo. Así, estas piezas fueron inventariadas y enviadas a Europa, en Alemania, donde en ese momento residía el rey. La pieza fue olvidada y muchos años después fue descubierta, restaurada y utilizada como símbolo del Museo de Etnología de Viena.

La pieza ha intentado ser reclamada para México en numerosas ocasiones, incluso a cambio de la carroza del emperador Maximiliano, pero científicos de ambos países consideran que las vibraciones causadas por el viaje podrían dañar irreversiblemente su ya deteriorado estado. Y, mientras tanto, la historia de ambos países permanece íntimamente ligada a través de estos objetos que materializan su legado cultural.

La riqueza arquitectónica de Viena no se reduce únicamente a la fastuosa opulencia barroca del siglo XVIII, sino que atesora joyas escondidas de otras épocas y movimientos, el ejemplo más claro es la estación de metro de Karlzplatz, de estilo Art Nuveau, diseñada nada menos que por Otto Wagner, pionero del modernismo, en 1898. El Stadtbahn Pavilion documenta, actualmente, la vida y obra de su creador, uno de los arquitectos más influyentes de Viena.

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Stadtbahn-Station Karlsplatz

Ya en el área de Karlzplatz, a solo unos pasos, se encuentra la Karlzkirche, el mayor recinto religioso barroco de Viena. La enorme cúpula elíptica de cobre, alcanza los 72 metros; las icónicas columnas gemelas al frente están inspirandas en la Columna de Trajano en Roma, y muestran escenas de la vida de san Carlos Borromeo, a quien está dedicada la iglesia.

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Karlskirche o Iglesia de san Carlos Borromeo

Una estancia en Viena no está completa sin una visita al Palacio de Belvedere, una obra maestra del arte en general. Schloss Belvedere es uno de los mejores palacios barrocos del mundo. Fue construido para el príncipe Eugenio de Saboya, y hoy en día funge como museo con un acervo maravilloso, cuya joya principal es Der Kuss (el beso), de Gustav Klimt.

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Schloss Belvedere

El recorrido va del Oberes Belvedere (alto Belvedere), y se complementa con un recorrido a través de sus coloridos jardines, salpicados de esculturas, hasta llegar al lujoso Unteres Belvedere (bajo Belvedere), cuya entrada se paga por separado, pero que inlcuye (y no se limita a) el Marmorsaal, un suntuoso salón de mármol decorado con frescos.

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Oberes Belvedere
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Jardines del Palacio de Belvedere

Pero no todo en Viena es historia, también es arte y, específicamente, música. Aquí vivieron más compositores famosos que en ninguna otra ciudad. Wolfgang Amadeus Mozart es el genio de la música más conocido de todos los tiempos. Vivió sus años más creativos y exitosos en Viena, en el período transcurrido entre el Barroco y la Revolución. Es posible visitar la que fuera su casa entre 1784 y 1787. En este período, consigue sus mejores composiciones, entre ellas, la ópera más tractiva: Las bodas de Fígaro.

También, Viena fue el centro de la vida de Ludwig van Beethoven. Nacido en Bonn, viajó a Viena por primera vez a la edad de 17 años para estudiar bajo la tutela de Mozart. Sin embargo, se vio obligado a regresar, ya que su madre se encontraba agonizando. A los 22 años volvió a Viena y esta vez se quedaría para siempre: 35 años hasta su muerte en 1827.

La vivienda de Beethoven en Viena, pasó de ser un lugar conmemorativo a convertirse en el Museo Beethoven, que ofrece un recorrido fascinante y moderno a lo largo de la historia de la vida del compositor. En la exposición se pueden admirar antiquísimos audífonos y una caja de apuntador para la amplificación del sonido, así como diversas partituras, instrumentos y demás objetos personales.

En esta casa, Ludwig compuso su Segunda Sinfonía, piezas de piano y sonatas de violín. En 1802, escribió una carta a su hermano, que nunca llegó a enviar, en la que expresaba sus dudas sobre su cada vez más avanzada sordera.

Pero Beethoven era, lo que podemos deducir, un inquilino conflictivo. Sus vecinos se quejaban constantemente de la música procedente de su apartamento a altas horas de la noche y madrugada, por lo que se vio obligado a mudarse en más de una ocasión, y ésta no fue la única morada del compositor. La casa Pasqualati, que fue su morada de 1809 a 1815, también está abierta al público y, aunque es un poco más modesta que la anterior, elijo visitarla porque fue aquí donde compuso su Quinta y Séptima sinfonías, Für Elise, y otras obras emblemáticas.

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Museo de Beethoven en la Casa Pasqualati

Aquí también podemos encontrar objetos preciados, como un piano y diversas partituras originales.

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Partituras originales de Ludgwig van Beethoven

Mi propia cita con la música tuvo lugar el fin de semana, con el boleto que compré el primer día que llegué a la ciudad. El concierto tiene lugar en la sala principal de la Wiener Musikverein, o palacio de la música de Viena. Este bellísimo edificio fue inaugurado en 1870, logrando armonizar música y arquitectura.

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Wiener Musikverein o Palacio de la Música de Viena

Inspirado en la Grecia clásica, este recinto se convirtió en un exponente del “Renacimiento griego”. El frontón de la fachada principal, las hornacinas que adornan las ventanas, las columnas jónicas adosadas a su estructura, así como las cariátides que sostienen la cubierta, y otros elementos de este orden arquitectónico, se manifiestan en cada uno de los rincones del interior y el exterior de esta maravillosa obra.

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Cariátides sosteniendo el techo de la sala principal del Palacio de la Música

En esta ocasión, estamos aquí para aclamar a otro de los hijos prodigios de Austria: Johann Strauss II. La orquesta filarmónica de Viena interpreta las más populares melodías del rey del vals. Die Fliedermaus, el Kaiserwaltzer, Frühlingsstimmen, y demás obras me embriagan los sentidos.

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Orquesta Filarmónica de Viena

Pero no es sino hasta que suena el compás de tres tiempos de An der shönen blauen Donau, (que todos hemos escuchado una y otra vez a lo largo de nuestra vida, mientras ignoramos que se llama El Danubio azul), cuando asimilo la dicha de escucharla de nuevo, justo aquí, donde fue creada, inspirada por uno de los ríos que dan vida a esta región de Europa Central de la que, por el momento, me tengo que despedir, pero que me llevo en el corazón para siempre.

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